
Por Clara Paolini Letamendia
El 2009 está a punto de terminar y como cada final de año las informaciones se llenan de revisiones y resúmenes sobre lo acontecido. Para aburridos de escuchar hablar de la puta crisis y leer listas de “los mejores discos, pelis y libros del año” puede ser una buena alternativa abandonar preocupaciones contemporáneas y ponerse a conmemorar. Hace 40 años, además de la pisada de Armstrong en suelo lunar que tanto espacio informativo ha llenado, se dieron más acontecimientos para el recuerdo. Era el momento de otra clase de crisis, más ligada al cambio social que al económico.
Son muchos los que consideran el año 1969 el despertar del sueño hippie, la caída de los ideales que cambiaron el contexto, pudiendo señalizar las últimas paradas antes de la cuesta abajo. La década terminaba con un clima más que convulso, cargado de violencia, acusando la ingenuidad en la que se apoyaban las utopías. Sólo un año antes Martin Lutter King recibía una bala en la garganta. En Vietnam, las tropas estadounidenses provocaban la matanza de My Lai y el movimiento contra la guerra era ya en 69 un reclamo expandido. Hace 40 veranos, además del mítico festival de Woodstock, Nueva York vivía los disturbios de Stonewall, un principio violento para la lucha por los derechos de los homosexuales que realizaron manifestaciones espontáneas frente a la presión policial ejercida contra ellos. En la costa oeste, el año terminaba con Charles Manson sembrando el terror y el festival de Altamont demostrando que lo de Woodstock no iba a repetirse.
Pero en agosto del 69 cerca de medio millón de personas se reunían en una granja al sureste de Nueva York para vivir tres días de “paz y música”. Ante la falta de permisos para tocar en el poblado de Woodstock, Sam Yasgur convenció a su padre, Max para acoger en sus terrenos el mayor festival hippie recordado en la historia. Janis Joplin, Credence Clearwater, Santana, The Who, Hendrix... más de una treintena de bandas tocando para una enorme multitud unida por la música, las drogas, el sexo e ideales pacifistas. El festival se convirtió en símbolo, y como tal, contenedor de significados para el imaginario colectivo. Una bonita y colorida postal de trazos gruesos a la que es fácil mirar con nostalgia. Documentales, libros, películas y reportajes han ido tiñendo de ensoñación las narraciones de lo acontecido. La canción Woodstock, compuesta por Joni Mitchell, y tocada por Crosby, Stills, Nash and Young aparece en la banca sonora del exitoso documental que Michael Wadleigh realizó sobre el evento, publicado un año después.
Said, I’m going down to Yasgur's Farm,
Gonna join in a rock and roll band.
Got to get back to the land and set my soul free.
We are stardust, we are golden,
We are billion year old carbon,
And we got to get ourselves back to the garden.
By the time we got to Woodstock,
We were half a million strong
And everywhere was a song and a celebration.
And I dreamed I saw the bomber death planes
Riding shotgun in the sky,
Turning into butterflies
Above our nation.
Pero pocos meses después vendría el declive, y tras el sueño, la pesadilla. Si Woodstock denotó el apogeo de una fase cultural y social para la juventud norteamericana, Altamont vino a simbolizar el estrepitoso final de la misma. Los duros golpes que estaban recibiendo los ideales utópicos se hicieron literales en lo que muchos recuerdan como uno de los capítulos más trágicos de la historia del rock. Recordado por su violencia y los disturbios entre el público y los motoristas encargados de la seguridad, Altamont Speedway Free Festival fue un apoteósico final de década.
Los Rolling Stones querían poner el colofón final a su exitoso American Tour del 69 ofreciendo un concierto gratuito en la costa oeste. El lugar elegido era el Golden Gate Park de San Francisco, pero la autorización fue denegada. Esta vez no apareció ningún granjero hippie con terrenos que ceder para preparar el evento, pero a pesar de la falta de localización el concierto seguía en pie. Jagger declaraba en los medios que realizarían su aparición por sorpresa en un lugar sin determinar. Grupos de fans de los Rolling empezaron a desplazarse a California mientras la policía local se tiraba de los pelos, temiendo que se repitiera una multitud incontrolable como la de Woodstock en un lugar imprevisible. Finalmente el concierto se realizó el 6 de diciembre, pero no fue hasta dos días antes cuando se dio a conocer su ubicación.

La falta de preparación logística fue sólo uno de los ingredientes que crearon el escenario para el caos. Los Rolling Stones habían contratado para la seguridad del festival a los Ángeles del Infierno, motoristas que lejos de evitar los conflictos, sembraron un clima de violencia. El festival acabó con tres muertes accidentales y el asesinato de Meredith Hunter, un joven afroamericano de 18 años, que fue apuñalado por uno de los motoristas tras sacar una pistola y presuntamente apuntar al escenario. Su muerte, así como gran parte de los disturbios que acontecieron aquel día quedó registrada en el documental Gimme Shelter (Albert y David Maysles, 1970).
Las grabaciones y las anécdotas muestran cómo todo parecía indicar que aquello terminaría en tragedia. Santana dio el pistoletazo de salida al festival, en una actuación sin apenas problemas a la que le siguieron Jefferson Airplane. Tocando en su California natal, la actuación estaba destinada a ser uno de los grandes momentos del festival, pero los problemas empezaron durante la interpretación de The Other Side of this Life. En el video del concierto puede verse la discusión en directo entre los componentes de la banda y los Ángeles del infierno, que habían empezado a cargar agresivamente contra la drogada multitud de las primeras filas.
Mientras encima del escenario se escuchaba a Grace Slik intentando calmar los ánimos, diciendo “Easy, easy, please be quiet”, uno de los Ángeles del Infierno noqueaba a Marty Balin, vocalista de Jefferson Airplane. Estaba planeado que Grateful Dead tocaran entre las actuaciones de Crosby, Stills & Nash y los Rolling Stones, pero cuando Michael Shrieve, el guitarrista de Santana, les contó el incidente de Balin, éstos decidieron no tocar. La banda compondría después New Speed Freeway Boggie, como recuerdo del festival que decidieron abandonar:
Things went down we don't understand
but I think in time we will
Now I don't know but I been told
in the heat of the sun a man died of cold
Do we keep on coming or stand and wait
with the sun so dark and the hour so late?
You can't overlook the lack Jack
of any other highway to ride
It's got no signs or dividing lines
and very few rules to guide
Los Hell´s Angels ya se habían encargado de la seguridad sin contratiempos en el concierto gratuito que ofrecieron los Rolling en julio en Hyde Park, pero los educados motoristas ingleses poco tenían que ver con los americanos. Se cuenta que los moteros habían sido recomendados irónicamente por los propios Grateful Dead y que fueron pagados con cerveza por valor de $500.
Diferentes tipos de drogas estaban presentes en el evento, algunas de las cuales de baja calidad. Según varias anécdotas el festival se llenó de “malos viajes” provocados por el ácido, haciendo de las experiencias alucinógenas algo difícil de manejar. Por otro lado, David Pasaro, asesino de Meredith Hunter, alegaba en su juicio el consumo de metanfetaminas. Muy probablemente, motoristas borrachos y puestos de estimulantes no eran los más indicados para contener a las masas que rodeaban un escenario de poco más de un metro de altura. En Woodstock la seguridad había corrido a cargo de miembros de la comuna hippie Hog Farm, quienes supieron lidiar con los conflictos sin caer en la agresividad. Para muchos parece obvio que los hippies, más familiarizados con el LSD y los malos viajes, hubieran sabido controlar mejor la agitación de Altamont.

A medida que avanzaba la jornada se expandía el rumor de que los Rolling no actuarían, pero éstos subieron al escenario con la caída del sol. Jagger y compañía empezaron a tocar canciones oscuras mientras cerca de 5000 personas se agolpaban en el mismo borde del escenario, muchos de ellos intentando escalarlo. Como gráficamente muestra el Gimme Shelter, mientras sonaba “Under My Thomb”, Meredith Hunter sacaba una pistola de su bolsillo. Segundos después el ángel del infierno, Alan Pasaro iba hacia él, cogiendo la pistola con la mano izquierda y asestándole dos puñaladas con la derecha. Encima del escenario, a pesar de varios parones en su actuación por culpa de los disturbios, los Rolling seguirían tocando las 8 canciones que les quedaban en la setlist, ajenos al asesinato. En la letra de la mítica “American Pie”, de Don McLean, muchos han encontrado claras referencias a lo acontecido:
Oh, and as I watched him on the stage
My hands were clenched in fists of rage.
No angel born in hell
Could break that satan’s spell.
And as the flames climbed high into the night
To light the sacrificial rite,
I saw satan laughing with delight
The day the music died
Olvidados los ideales y mantenidos los vicios, el festival ejemplificó el lado oscuro del rock, y la decadencia que empezaba a inundar el panorama. Entre líneas, la advertencia de lo que puede ocurrir si Woodstock se toma demasiado literalmente. Los hechos hicieron a muchos pensar en las fatídicas consecuencias de un “exceso de libertad”. Sin embargo, la falta de control vino de la mano de importantes cambios en el contexto, creando un clima oscuro, sin culpables específicos.
Las letras pacifistas y cantos de amor que caracterizaban la música de los 60 vieron como llegaban sonidos más duros indicando un cambio en el panorama. Sonidos oscuros, que caían como “metal pesado” empezaban a expandirse, influenciados por lo que proponían Jimmi Hendrix o Cream. Melodías distorsionadas que tomaban como base el rock psicodélico y el blues daban comienzo a lo que poco después se denominaría Heavy Metal. 1969 empezaba con la publicación de Led Zeppelín I, como punta de lanza.
Un año antes, Los Beatles incluían en su White Album Helter Skelter, con guitarreos infernales, marcadas baterías y un tono estridente antes desconocido en la banda. Las dos palabras del título aparecían escritas con sangre en el lugar donde la familia Manson asesinó a la mujer de Polanski. El famoso asesino aseguraba que la canción contenía un mensaje oculto, que venía a advertir sobre la guerra racial entre negros y blancos que según él estaba apunto de acontecer. Helter Skelter es en realidad un tobogán que puede encontrarse en los parques de atracciones ingleses pero la expresión puede traducirse como "desorden" o "fuga en desbandada". La letra narra de manera simple el viaje en una montaña rusa, pero es la música es oscura y agresiva. Al final de la grabación, se puede oír a Ringo gritar "I got blisters on my fingers!" (tengo ampollas en los dedos). La primera versión de la canción duraba 27 minutos pero nunca llegó a grabarse. Quien sabe como hubieran acabado de agotados los de Liverpool, o qué hubiera podido sacar Charles Manson de 23 minutos más.
Pensaba que varias canciones del White Album llamaban a él y a sus fieles a prepararse ante la guerra racial. Siempre he pensado que escuchar Revolution 9 puede volver loco a cualquier mente inestable, y echando un vistazo al pensamiento de Manson se confirma mi teoría. La paranoia basada en la cultura popular alimenta aun más lo jugoso de los hechos, pero lo cierto es que Manson tenía serios problemas psicológicos nunca tratados, comunes en esquizofrenias y trastornos mentales.
La paranoia le hacía inventar pistas donde no las había, haciendo cada vez más grande la pelota en la que se iba convirtiendo su contagiosa locura. Pensaba que la estrofa “you were only waiting for this moment to arise” en la canción Blackbird era una llamada a la gente negra a la insurrección y que los ecos de tiros de Revolution 9 una premonición de la guerra. Para él, los Beatles eran nada menos que cuatro ángeles citados en el Libro de las Revelaciones del Nuevo Testamento, y él como quinto ángel, el salvador.

Tras salir de la cárcel en la que pasó 17 años, se instaló en el floreciente Haigh Ashbury de San Francisco, durante el Verano del Amor del 67. El desequilibrado personaje se convirtió en gurú en el contexto hippie. Se autodenominada al mismo tiempo Jesucristo y Satán, predicando una curiosa doctrina en la que mezclaba conceptos orientalistas, reinterpretaciones de la Biblia y la cienciología que había estudiado durante sus años en prisión. Líder nato, consiguió pronto un grupo de seguidores con los que formó la archiconocida Familia Manson. Sus componentes, la mayoría mujeres, seguirían a su sanguinario padre de manera sectaria, llegando a cometer crímenes que dejarían una imborrable huella.
La noche del 8 de agosto del 69, la familia Manson asesinó a Sharon Tate, la mujer de Roman Polanski y a 6 invitados más en su casa de Beverly Hills. A Sharon, embarazada de 8 meses, le cortaron los pechos y la dejaron morir desangrada. Helter Skelter y Pigs aparecían escritas en sangre en las paredes del escenario del crimen, añadiendo aun más dramatismo y espectacularidad a los asesinatos. La noche siguiente le tocó el turno al magnate de los supermercados Leno LaBianca, a quien encontraron con un tenedor clavado en el estómago, sobre el que se leía la palabra War. Su mujer Rosemary recibió 38 puñaladas.

Aunque parezca increíble, Manson es considerado un icono de la cultura popular estadounidense y su figura habita en posters y camisetas. Es lo que en sociología se llama: un líder carismático; hay gente que tiene ciertas cualidades de líder, más allá de si lo que dicen es bueno o malo. Y no cabe duda de que Charles Manson lo era; tenía la capacidad de manipular mentes y causar sangrientos estragos que 40 años después, muchos siguen observando con fascinación.
En marzo del 70 publicaba el álbum Lie, grabado entre septiembre del 67 y agosto del 68, para poder financiar su defensa. Una de las canciones del álbum era de los Beach Boys, ya que su cantante, Dennis Wilson había sido colaborador cercano de La Familia. Artistas como Guns N´Roses o Marilyn Manson han versionado sus canciones y alabado su figura, propiciando su mitificación y poniendo en el altar de la cultura popular a uno de los asesinos en serie más mediáticos del último siglo.
Como ocurriera en Altamont, el caso de Manson entraña una serie de contradicciones de gran valor simbólico. La soleada California conocida por el amor y paz, se torna oscura y sangrienta. Hippies, en principio caracterizados por sus ideales pacíficos, se convirtieron en asesinos, e idílicos festivales que prometían ser el paraíso, en infiernos. Resulta difícil resumir en pocas palabras el fin de toda una era, pero sí se hayan algunas pistas del declive. El ciclo tocaba techo, la agitación se tornaba violenta y la sociedad se desprendía de la ingenuidad. Un año después morían Janis Joplin y Hendrix. A grandes rasgos y deteniéndonos en detalles: así eran las cosas y así se las hemos contado, así terminaba la década hace 40 años.
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Enero 2010 ©