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Por Clara Paolini Letamendia

Las puertas, reales o imaginarias siempre suponen cierto misterio. Cerradas, ocultan un espacio, no dejan pasar al otro lado, pero a su vez indican que hay una habitación más allá. Ser conscientes de que existe un espacio en el que no sabemos lo que ocurre suele provocar curiosidad e intriga. Abiertas, como resulta obvio, permiten pasar al otro lado. Independientemente de que sean verdes o rojas, materiales o metafóricas, las puertas significan fronteras y umbrales, por lo que han sido un elemento recurrente en la simbología de diferentes épocas, culturas y ámbitos.
Una puerta puede servir, simplemente, para pasar del baño al salón, o de la calle a una tienda, pero algunas limitan lugares más abstractos. Las puertas separan espacios contiguos pero independientes, separan lo exterior de lo interior y en algunos ejemplos artísticos suponen la frontera entre la realidad y la ficción. Todo depende de la puerta de la que se trate.
Para algunos, las puertas han servido para explicar líneas que se traspasan en sentido metafórico. Cuando Jim Morrison propuso el nombre de su banda, The Doors, no estaba pensando en cualquier tipo de puerta, sino en aquellas que esconden lo que el pensamiento consciente, el que tenemos en estado de vigilia, oculta.

“Si las puertas de la percepción fueran depuradas, todo aparecería ante el hombre tal cual es: infinito” (William Blake)

Esta intrigante cita del místico poeta del XVIII fue la que dio nombre al grupo. No por coincidencia,  la misma frase también aparece como introducción en Las Puertas de la Percepción (1954) de Aldous Huxley. El aclamado escritor y profeta, autor de Un Mundo feliz se interesó en los años 50 por el uso de la mescalina y sus efectos. Ya desde mediados de los 30 se había mostrado curiosidad por el misticismo y la filosofía oriental, prestando atención a aspectos que serían la base de la contracultura americana.

Una vez curado de la enfermedad que le impediría ver con claridad durante 25 años, los  ojos de Huxley no sólo vieron el mundo, sino más allá del mismo. Su pensamiento, ágil y reflexivo hace a muchos pensar que su mente era especial, con  grandes ventanales que le permitían observar los fenómenos de nuestra era con claridad.  No resulta extraño que una personalidad como la suya, curiosa,  quisiera experimentar con las drogas que poco después toda una generación de hippies consumiría. A los 58 años invitó al médico canadiense Humphrey Osmond a su propia casa en Los Ángeles, ofreciéndose como conejillo de indias para sus experimentos con la mescalina.

De la experiencia nació el ensayo antes citado y dos años después, Cielo e Infierno (1956). En ambos, Aldous Huxley intenta descifrar lo indescriptible, consiguiendo extraer ciertos significados interesantes gracias a su capacidad intelectual. Muchos de los experimentos con drogas psicodélicas y/o alucinogenos que se han llevado a cabo en laboratorio a lo largo de la historia han sido un fracaso ya que muchos de los pacientes,  profundamente sumidos en la propia experiencia alucinógena, eran incapaces de interactuar con el mundo real y dar respuestas. Imaginar a un grupo de sesudos médicos intentando extraer conclusiones científicas sobre pacientes salidos de Miedo y Asco en Las Vegas resulta cuanto menos, cómico.

Portada de la revista Fate

Pero tanto Osmond como Huxley estaban de acuerdo: Aldous tenía un cerebro tremendamente estable, y lo que es más importante, su alto nivel intelectual le permitía extrapolar la experiencia. Obviamente, en sus escritos también habla de su incapacidad para responder preguntas del médico mientras sufría los efectos de la mescalina, pero tras el experimento vierte en sus ensayos interesantes intuiciones y reflexiones ligadas a la estética, la filosofía, el arte y cuestiones existenciales.
Muchos textos de diferentes autores apuntan a que el consumo de mescalina hace algo así “como cambiar de lugar la conciencia”. El mundo real parece no importar ya que se experimenta la vivencia de trascender de este y de uno mismo. Científicamente es lo que viene a llamarse un estado alterado de conciencia, en el que el cerebro actúa de manera diferente al estado de vigilia. Tanto médicos, investigadores, escritores como artistas han experimentado a lo largo de la historia el mecanismo y los efectos de abrir puertas mentales mediante el uso de sustancias químicas pero pocos han llegado a resultados concluyentes.
El efecto de psicodélicos y alucinógenos provocan en el cerebro una reacción química que, en palabras de investigadores, provoca una especie de psicosis temporal. Lo que experimentan muchos esquizofrénicos y enfermos mentales tiene concordancias con lo relatado por personas bajo los efectos de las drogas. Por lo tanto, si la mescalina puede volver loco al cuerdo, ¿por qué no al revés?

“La droga -refiriéndose a la mescalina- coge por sorpresa, descubre, desenmascara las operaciones mentales, poniendo conciencia donde no había ninguna, y paralelamente quitándola donde siempre la ha habido”
(Michael Michaux)

Demasiado ocupado pensando en hacernos sobrevivir, el cerebro en vigilia de una persona normal trabaja para que nos relacionemos, decidamos y continuemos inmersos en el constante acto de vivir. Liberado de esa carga, el individuo es capaz de trascender de sí mismo. Huxley explica cómo cree sentir una conciencia que no depende de un ego; olvidado de sí mismo es capaz de volcarse tomar conciencia de cuestiones que siempre han estado ahí, pero que antes pasaban desapercibidas. Como en los dibujos animados, los psiconautas dibujan una puerta con tiza en la pared que les transporta a otra realidad que presuntamente, aporta verdades y concepciones fuera del ámbito de las vivencias naturales.  

En la linea de Huxley, Henri Michaux también experimentó con la mescalina, abriendo y cerrando puertas perceptivas (Misérable miracle, en 1956, Connaissance par les gouffres, en 1961). En busca de lograr nuevas formas de pensamiento, y en su desarrollada faceta mística, llegar al “más allá”, el poeta y pintor francés lo probó todo: éter, LSD, cannabis... Según él mismo narra, la mescalina fue la droga que le aporto la experiencia más intensa:  “está hecha para violar el cerebro y entregar sus secretos”.

Sin embargo, si para Huxley y Michaux el consumo de mescalina supuso un acercamiento intelectual, Jim Morrison, convertido en ídolo de masas y mito sexual  se creyó Dios al abrir sus puertas mediante el consumo de peyote, entre otras muchas sustancias. Como reflejan multitud de experiencias, el consumidor cree experimentar una conciencia diferente a la del resto de los mortales, llegando a un tipo de vivencia que en términos religiosos o místicos, pudiera significar una “iluminación”, o una “revelación” en términos religiosos.  Lo que para Kerouac serían “satoris”, para los budistas e hinduistas el nirvana, o puede que incluso para Nietzche el el estado de conciencia al que llega el superhombre.

Como bien reflejaba Oliver Stone en su película (The Doors, 1991), el cantante estaba obsesionado con la cultura india. Aunque, obviamente sus viajes al desierto mexicano fueran menos estéticos que en el película de Stone, sí es cierto que Jim Morrison practicaba el chamanismo. No es raro encontrar tantas drogas encima de los escenarios si pensamos en las similitudes entre las actuaciones musicales y los ritos que han venido poblando la historia de diferentes culturas.  El peyote, cuyo activo es el mismo, la mescalina, ha formado parte durante siglos de los ritos de tribus de indios americanos. Años más tarde, Jim Morrison creía guiar a sus fans en el rito musical y escénico de sus conciertos.


¿Esta todo el mundo dentro?
¿Esta todo el mundo dentro?
¿Esta todo el mundo dentro?
La ceremonia esta apunto de empezar
¡Despertar!
(del poema Despertar, Jim Morrison)

Encima del escenario y puesto hasta las cejas, Jim Morrison provocaba un espectáculo que pretendía trascender del propio concierto. Convertido en chaman intentaba provocar conciencias en un ritual iluminador, y realmente, él pensaba llegar a conseguirlo. Algunas letras y poesías del cantante tienen un estilo y temática cuya inspiración pudiera encontrarse en la generación beat, directas y provocadoras, sin tabús y con el ansía de llevar una vida al límite.  Otras, reflejan bien ese carácter chamánico de Jim

Estaba haciendo tiempo en la mente universal
me sentía bien...
Estaba girando llaves
Estaba liberando gente
lo hacía bien...
(del poema Mundo Universal, Jim Morrison)

Actualmente,  los pobres indios se quejan de la enorme cantidad de guiris en turismo espiritual-drogadicto que les están dejando sin su planta sagrada. A lo largo de la historia, las sustancias psicoactivas han acompañado ritos religiosos, por lo que no es de extrañar que la sociedad, a falta de danzas rituales y chamanes haya adaptado los mismos actos en diferente contexto, en ese cúmulo de necesidades humanas que parecen repetirse con la historia.

Lo que tienen en común Jim Morrison, Huxley, Michaux, la generación beat y los hippies es que todos quisieron alcanzar “la iluminación” basándose en la propia experiencia. Desprendiéndose de los tabús impuestos por la sociedad, y criticando la misma, quisieron convulsionar conciencias para llegar a un algo más, un algo mejor. Obviamente, ese afán de abstraerse de la realidad para entenderla conlleva el peligro de crear rebaños de dementes. No todas las mentes tienen la capacidad intelectual- o simplemente orgánica-de abrir y cerrar puertas a su antojo, sin que esto afecte negativamente a sus vidas. Sin embargo, hace medio siglo, la experimentación mediante las drogas era la única manera de abrir las puertas, de recuperar la espiritualidad en una sociedad cada vez más apegada a lo banal e inmediato. Muchos han preferido formar parte de un rebaño de dementes, en vez del rebaño de ovejas al que consideraban la sociedad, guiadas por la política, la economía y la moral.

Los descarriados querían abrir puertas que actualmente parecen tapiadas.  A finales de los 60 la prohibición por parte de los gobiernos del uso de drogas psicodélicas y alucinógenos hizo ilegal el paso al otro lado, por peligroso, por desconocido, por el miedo que estados de locura transitorios produce a los cuerdos . Y aun hoy, lejos de ser una psiconauta, escribo este artículo pensando que hablar de drogas está mal visto.

 

 

 

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