
Por Marta Sanuy
Hace poco leí en un ensayo sobre Musil que era un matemático escéptico y visionario (1) y pensé que se revolvería en su tumba si leyese esa primera etiqueta y viese que su gran esfuerzo no sirvió para nada, que cuando lo mencionamos su nombre siempre llega apellidado por una profesión que ni siquiera ejerció. Musil, que comenzó su formación como militar y estudió después matemáticas, también estudió filosofía y psicología sin considerar ninguno de esos conocimientos como un atributo, y sobre todo, sin adquirir con ellos un vínculo laboral de por vida que, inevitablemente, hubiera disminuido la tarea vital y literaria que se había propuesto.
La única ventaja que yo tengo es no tener una verdadera profesión, es lo que me conserva, creo, un poco más lúcido que a los otros […] ¡Si solamente tuviera una la carencia sería irresistible! Tengo ahora una manía, una tontería, un dada, una perversión escondida, una misión, querría ser artista, amante, avaro, burócrata, en una palabra, una personalidad con toda la seriedad que eso comporta. Pero soy incurablemente sano. Mi desdicha es tener un plumaje armonioso: todos los otros están pintados de un solo color, yo soy un arco iris. Y por poco que eleve mis plumas, bien entendido, cada uno me cree de su color. (2)
Para Ulrich, para Vinzenz y para todos aquellos personajes que sirvieron a Robert Musil como alter-ego, el peor de los destinos es el de los hombres que acumulan cualidades y se creen definidos y puestos a salvo por ellas. Las cualidades o atributos: casado, heterosexual, profesor, viuda, europeo, blanco, religioso, francés, pescador, divorciado o periodista no importan sino por su reconocimiento social, son intercambiables y son, sobre todo, pensamientos muertos que producen muertos en vida. Lo contrario, la vida sin atributos, consiste, como dice en sus diarios, en una Utopía consciente que, lejos de temer la realidad, la trata como una tarea y una invención perpetuas. (3)
¿Sabes por qué soy anarquista? pregunta Agatha, la interlocutora íntima del diálogo interior de Ulrico. ¿Sí, lo sabes? ¿Y bien?, lo soy y lo seguiré siendo toda mi vida. Yo no he hecho el mundo. Si me hubieran preguntado, yo lo habría hecho mejor: es de todo menos una obra maestra ¿y quieren que tome en serio el mundo hecho por los hombres? Eso es lo que quieren, que respete su mundo: ¡que yo respete su mundo! ¡Antes me hago Sufragista! (4)
Algo más complicado resulta explicar porqué Pedro Madrigal Devesa llama a Musil escéptico y visionario en el espléndido ensayo Robert Musil y la crisis del arte. Escepticismo y visión, crítica y mística, razón y emoción
son las parejas de contrarios que cimientan nuestra confusión, sin embargo, entendidos con rigor encontramos en ellos estrechos colaboradores:
La vida del espíritu sólo es posible por la ósmosis entre la afectividad y la razón:
Él (Ulrich) busca comprenderse de otro modo; con el apetito de todo lo que pueda enriquecerlo interiormente (ese será uno de los límites de la moral y del pensamiento) él tiene la impresión de no ser, es libre para ir en todas las direcciones, pero va siempre de un punto de equilibrio al siguiente, y siempre avanzando. Y si piensa, un buen día, que ha tenido la idea justa, se da cuenta de que una gota incandescente, indecible, ha caído sobre el mundo, y la tierra, para alabarla, cambia de aspecto. (5)
El escepticismo y la visión son para Musil el camino, todos nos extasiamos con imágenes, religiones, grandes novelas, con la política: alcanzar el éxtasis sin que este se convierta en un despeñadero mental, convertir lo inevitable en una potencia consciente significa alcanzar una libertad sin límites que no encarcela la vida en una forma.
El éxtasis define la operación suprema del pensamiento de la verdad y de la verdad del pensamiento. Es el movimiento y el efecto de la revelación, la sistematización de la revelación y de lo absoluto. Es una relación que se teje y se desteje (es lo mismo) en el absoluto, en el uno. Todo este proceso presupone asentimiento, atención, recogimiento, reconocimiento […]. El éxtasis para Descartes era precisamente locura, inmersión en la cosa percibida que le parece una locura. (6)
Y por eso Ulrich le dice a Agathe después de ver pasar una bandada de pájaros:
En tales momentos, sabes, uno está dispuesto a creer de la forma más natural en lo sobrenatural. (7)
Ulrich es todo lo contrario a un héroe negativo, estuvo acertado Milan Kundera al llamarlo ego experimental, es alguien capaz de tomar la propia vida con la distancia analítica del que aspira a la exactitud. Musil propone a través de su personaje y de Agathe, su hermana-amante, una larga travesía para responder de un modo riguroso a una pregunta sencillísima: ¿cómo es posible vivir?
1-Robert Musil y la crisis del arte. Pedro Madrigal Devesa.
2-Vinzenz y la amiga de los hombres importantes.
3-Diarios.
4-El hombre sin atributos.
5-El hombre sin atributos.
6-Musil le feu et l´extasis (contribution a une vie exacte)
7-El hombre sin atributos
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Octubre 2009 ©