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Serugrafía de Rubenimichi

Por Raúl Muniente Sariñena



«Que impriman algo no significa que sea el Evangelio. La gente escribe cosas negativas porque ellos sienten que es lo que vende. Hagas lo que hagas, siempre habrá un montón de idiotas que quieran hundirte. Las buenas noticias no venden. La mentira tiene buen sprint. La verdad no entrena el sprint, porque corre maratones»
Michael Jackson

«La humanidad tiende al mestizaje, a la indiferenciación generalizada. El único que ha llevado el proceso a su término era Michael Jackson: ya no era ni negro ni blanco, ni joven ni viejo; en un sentido, ni siquiera era ya ni hombre ni mujer. Nadie podía imaginarse realmente su vida íntima; había comprendido las categorías de la humanidad corriente y se las había arreglado para dejarlas atrás. Por eso lo consideraban una estrella, incluso la más grande —y en realidad la primera— del mundo. Todos los demás —Rodolfo Valentino, Greta Garbo, Marlene Dietrich, Marilyn Monroe, James Dean, Humphrey Bogart— podían ser considerados, como máximo, artistas con talento. El primero en intentar ir un poco más lejos y salirse del terreno de la estética ha sido Michael Jackson».
Michel Houellebecq




El hombre más famoso de nuestra época ha muerto sólo, arrastrándose por el mundo, devaluado, despreciado y artísticamente fosilizado.  Desde aquí vamos a hacer algo que toda la crítica liberal recomienda no hacer: un mini análisis filosófico-político de un martirio artístico-cultural.


Todo el mundo conoce la historia. Un niño negro estadounidense sin pasar por la escuela y severamente aleccionado por su padre acaba, a la tierna edad de 24 años, sacando un disco que vende la friolera de 100 millones de discos, convirtiéndose en el hombre con más fama del planeta. En 1993, 11 años después, se produce su caída sincronizada con la de la Unión Soviética. Es entonces cuando nuestro increíble bailarín es salpicado por un supuesto escándalo de pederastia del que fue absuelto legalmente pero cuyas secuelas difamatorias enterraron su carrera y, posteriormente, su vida.

Como todo iletrado, Michael Jackson no era un hombre con un espíritu lucrativo o especulador.  Lo demuestra su biografía económica. Se fundía la pasta que ganaba, hasta el punto de morir endeudado. Tiene el Record Guiness, con bastante ventaja sobre el segundo, de donaciones a fundaciones benéficas. Ya no sólo eso. Todo el que se acercaba a él, acababa sacando tajada, dada su despreocupación por el dinero. Visto así, es comprensible que tan sólo soportara la compañía de los niños, tipos famosos por no tener muchas habilidades dorando la píldora.

Por sus hechos los conocerás, no por sus palabras. Esta es la diferencia fundamental que podemos encontrar entre el rey del pop y los rockeros que recogieron el testigo de su masacre mediática. Rockeros que por un lado se llenan la boca de palabras bonitas y por el otro dedican su vida y obra a montar empresas, invertir en ladrillo o colocarse en las ONG's que promueve el Imperio Depredador Anglosajón para su beneficio particular. Todo ello, sin faltar una sola coma al discurso rebelde oficial. Rebelarse vende.



Dicen que es mejor un enemigo declarado que un falso amigo. Es por esto mismo que la Cuba de Fidel, hábilmente, tenía terminantemente prohibida la música rock, pero sin embargo respetaba profundamente y difundía los discos de Michael Jackson. El motivo es claro y meridiano, el discurso del rey del pop no es anticomunista, más bien al contrario, mientras que la constelación ideológica rockandrollera raya el más completo irracionalismo narcisista y egomaníaco. Como muestra un botón, el amor, en las canciones de Michael Jackson siempre va ligado a la historia universal y a la humanidad, mientras que el amor, entendido por los gurús del rock and roll, siempre va referido al alicorto y obsesivo amor cortés de la media naranja.

Hemos sido muchos los fans de Michael Jackson que durante estos últimos diez años hemos tenido que avergonzarnos de tener sus canciones en el cassette, discman, mp3, ipod o lo que demonios fuera. Nos han tachado de cursis. De cándidos. Hemos tenido que justificarnos constantemente. Quizás su muerte, como tantas otras, nos ayude a librarnos de ese moralista superyo hipócrita de la ideología rockera de los fans de U2 o Bruce  Springsteen. Recomendamos a todos ellos, autoinvestidos de un manto de superioridad moral, que se apliquen el «Man in the Mirror», un recadito avant la lettre del hombre más famoso de todos los tiempos, al que sólo los mediocres han despreciado.

 

 

*Dibujo: serigrafía de Rubenimichi.

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