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Con Alfonso Jiménez.
Viaje por el cerebro de un pintor oscuro
Por Valentina Natale
«¿Qué quiero?, pues lo que todo el mundo quiere. Quiero mostrar todo, quiero no pensar en nada, sólo quiero mostrar. Más importante que explicar es expresar, pero más que expresar es comunicar. Esto quiero».
Así Alfonso contesta cuando le preguntan que quiere, las palabras le salen sin pensar, mira de otra parte y luego se despierta como de un sueño intentando explicar lo que acaba de decir. Estos momentos de inconsciencia que tiene mientras habla de si mismo, estas explosiones de maravillosa sinceridad, pronto se vuelven en intentos de aclarar las palabras que ha pronunciado casi contra su voluntad. Piensa, elabora, cada frase es contradictoria, la contradicción de un alma compleja, nunca igual, en busca desesperada de una perfección que no llega a alcanzar. «Confío en mi pintura, pero no en la de ahora, en la que vendrá» me confiesa mientras charlamos cercados por los 40 cuadros de la exposición.
Alfonso tiene muchas personas dentro, es el chico dulce que le cae bien a todo el mundo, es el pintor oscuro y cruel, es un niño asustado por sus pesadillas, es una víctima y al mismo tiempo verdugo.



He visto sus cuadros, son perturbadores, malvados, pervertidos, impactantes, me han asustado y me han hecho pensar en una pregunta: «¿Porqué pintas?», me ha contestado con su lógica perfecta «Pinto para sacar todo el mal que tengo dentro, y como puedes observar es mejor que lo saque…» vuelvo a mirar uno de sus dibujos, una mujer con la cara deformada pone un perro en una paella, mis ojos saltan hacia una de las obras más grande de la exposición: un hombre con la cara de cerdo se arrodilla delante a otros dos con caras de perro, «Es tan humillante», pienso, él parece entenderlo y me explica que el cuadro representa un hombre que busca trabajo, que se arrodilla para dejar el currículo, me impacta: el pobre cerdito tiene una mirada tan sumisa, tan triste.
Alfonso me explica que en cada cuadro hay dos personajes que siempre aparecen: una victima y un verdugo, casi siempre él es la víctima, esto le gusta, «¿Conoces a algún niño llorón y repelente?» me pregunta, «Bueno, yo pinto para ser este niño, para quitarme la máscara del hombre maduro y fuerte. ¡Yo pinto para desagradar!». No se si lo consigue, todas los espectadores parecen fascinados por su obra, aunque tengo que admitir que no me gustaría despertarme cada mañana mirando uno de sus cuadros, son unas de esta imágenes que te mueven algo por dentro, que fastidian pero que intrigan como la muerte y la putrefacción. Él no es sólo esto, no es sólo el niño repelente, el pintor oscuro, es también un chico dulce y muy enamorado, una persona feliz a pesar de sus pesadillas. Son estas contradicciones que lo hacen tan auténtico, tan verdadero, no es una proyección unidimensional de si mismo. El proceso que utiliza para pintar es siempre el mismo: una tela, pintada de negro, de donde intenta sacar las imágenes que le aparecen, así como cuando una persona cierra los ojos y empieza a ver caras horribles, él saca de la oscuridad estos rostros atrapados en la pintura, «cuando pinto un ojo, el ojo me mira, es como algo vivo». Una vez que ha rescatado los personajes empieza a darle luz, así como pasa en la realidad. Pintando rescata sus pesadillas de la oscuridad y se libera definitivamente de ellas.

Los resultados son sorprendentes, una técnica clásica aplicada a sujetos repugnantes; sus cuadros no le acaban de convencer, nunca está contento con su arte, le parece que piensa demasiado, que todo le sale muy difícil «cuando la pintura debería ser algo fácil y espontáneo». Mientras pinta siente hacer algo especial y luego se acuerda de una frase que escuchó una vez: «La frustración más grande para un pintor es darse cuenta que todo lo que hace no es nada más que un cuadro». La frustración parece el otro motor que lo anima a pintar. Si Schopenhauer decía que la vida es un péndulo que oscila entre el dolor y el aburrimiento, para Alfonso pintar es oscilar entre el miedo y la frustración, pero esta misma oscilación lo lleva a ser mejor, a empezar una y otra vez cada día con la convicción de mejorar, «el buen pintor no es lo que sigue pintando, el que sigue pintando es un buen pintor».
Acabamos de charlar, la sala de la exposición se ha vaciado, le pregunto si quiere quedarse a cenar conmigo y los organizadores de la muestra, me mira sorprendido y me contesta «he estado desnudo toda la noche mientras todo el mundo me miraba, ¡sólo quiero ir a casa a taparme!».

La muestra de Alfonso Jiménez organizada por BCN-ART estará expuesta en el restaurante/galería THEseo en Compte Borrell 119, en Barcelona, hasta el 12 de Septiembre 2009.
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