Atmósfera
De Manuel Vilas
Me llamo, casi no tengo nombre. Me llamaré, entonces, así: CNTN: casi no tengo nombre. Hace treinta años me enamoré de una mujer. Yo estaba casado –y lo sigo estando- y ella también. La relación de pareja de la chica de la que me enamoré pasaba por una crisis importante, eso me dijo. Ella se llamaba Raquel W., ella sí tiene nombre. Era guapísima, y yo también era un tipo muy guapo y muy divertido. No voy a contar las circunstancias, y bien que podría, pero eso me delataría. Todas las circunstancias que llevaron a aquel amor imposible quedarán sin decir. Hicimos el amor tres veces y luego lo dejamos. Ella tenía un cuerpo glorioso y delicado. Yo sabía que ese cuerpo me podría destruir, porque, en el fondo, ese cuerpo era irreal; quiero decir que la belleza radical produce fantasmas, cosas que no son reales. Además, la belleza nos convierte en terroristas; quiero decir que la belleza acaba apesadumbrándonos, y entonces nos volvemos paranoicos y empezamos a llevar armas encima: un cuchillo, una navaja, una pistola. No volvimos a vernos nunca más. Hemos vivido en la misma ciudad, en Barcelona, pero nunca jamás volvimos a coincidir. Nada, el azar nos castigó: ni en una calle, ni en un cine, ni en una tienda, ni en un bar, ni en un restaurante, ni en una iglesia, ni en autobús, jamás nos volvimos a ver en ningún sitio de esos. Sé que ella ha seguido viviendo en La Coruña todos estos años. Lo sé porque a veces me mandaba cartas postales, sin firmar, a mi trabajo, nunca a mi domicilio. En las cartas sólo escribía esto: “Besos, R.” Yo salía a las calles de Zaragoza temiendo encontrármela en cualquier sitio, pero nunca volvimos a vernos y sin embargo estuvimos muy enamorados. Pero es que era un amor muy profundo. Una vez en el Corte Inglés de Fuencarral creí oler su perfume, pero no era ella. Yo sé que ella pensaba en mí todos los putos días de su vida, como yo en ella. ¿Por qué no nos fuimos a vivir juntos a Sevilla, la ciudad que adorábamos? Nos fuimos convirtiendo en sombras. Finalmente, después de treinta años hemos quedado en esta cafetería abandonada de un polígono industrial de Almería. Estoy esperando a que llegue. Habrá cambiado tanto que no la reconoceré sino es por el revólver, aquel revólver de 1832. Yo he traído el mío. Será espectacular ver quién desenfunda primero. Nos dispararemos a la vez. Nos mataremos por cobardes. Ya llega. Sí, es Raquel. Ya está delante de mí.
–¿Qué has hecho durante estos últimos treinta años, amor mío?—pregunta Raquel.
–Acostarme temprano—contesto.
Nos quedamos mirando la luna y sus reflejos en la vieja cafetería derruida. Un camión pasa ahora a nuestro lado, pero el polígono está oscuro y vacío. Un desierto feroz y el mar muy lejano.
–¿Tienes tu pistola?--pregunta Raquel.
–Sí –contesto.
–Pues no esperemos más, caminemos, caminemos.
–No quieres que hablemos antes.
–No, he venido a matarte.
–Raquel, recuerda que soy el mejor. Recuerda que nadie pudo conmigo. Fantasmas que regresan, nadie diría que acabaríamos aquí, en este estúpido país.
–No se eligen los regresos, maldito seas.
–¿Te acuerdas de lo felices que fuimos?
–Saca el reloj.
–De acuerdo, Raquel. Cuando termine la música, como siempre.

Vemos a CNTN y a Raquel dar pasos cortos en la Avenida A del Polígono Industrial InterTransEspaña. En ese momento, aparecen una ambulancia y un coche de la policía. Entonces CNTN saca su mp3 de un bolsillo de su pantalón. Se pone los auriculares y empieza a correr. Lo persiguen dos policías. Raquel se desnuda delante de los dos tipos que salen de la ambulancia. Es una ambulancia roja, grande. Uno de esos tipos, al intentar reducirla, le toca los abundantes pechos, que están al aire. “Fuck me”, le dice Raquel al de la ambulancia. La policía persigue a CNTN que corre como un campeón. Salta vallas y verjas. Se mete por garajes, por naves, por agujeros excavados en el cemento. Los policías sudan como cerdos. Dice uno de ellos: bueno, tenemos a la chica. Ya vendremos a por él mañana. CNTN está debajo de una chapa de metal escuchando su MP3, escucha una canción llamada “Atmosphere” de Joy Division. Se llevan a Raquel. Al día siguiente aparece en el Polígono Industrial InterTransEspaña una docena de policías con perros adiestrados. Encuentran dormido a CNTN debajo de una manta. Lo despiertan a patadas. Lo esposan. Se lo llevan. Le registran. Le encuentran en la cartera un calendario del año 1977 con una foto. Se quedan mirando la foto.

Dicen: pero vaya mujer, dios santo. Uno de los policías le pregunta al otro: oye, ¿cuándo sería?, ¿cuándo se les ocurriría diseñar un biquini así, quiero decir: un biquini en donde la parte delantera y trasera de la braga se uniera por un hilo tan fino y no por un trozo ancho de tela? CNTN, que oye la pregunta, contesta: fue un gran momento de la humanidad, el momento de esa tirilla, allí avanzamos mucho, ese hilo es todo, eso por no hablar de las transparencias; y la cosa no acaba allí, porque vendrá un biquini en donde la parte delantera y la parte trasera de la braga se conecten por un rayo de luz invisible, virtual.
CNTN le dice al psiquiatra Félix Rodríguez de la Fuente que le cure las alucinaciones, que se apiade de él. Félix sabe cómo sufre CNTN. Sabe que no puede hacer nada por él, que no hay nada que pueda reparar un cerebro roto. No hay fármacos, no hay terapia. Sólo habría una solución: quitarle el cerebro viejo y ponerle uno nuevo. Pero no existen los trasplantes cerebrales, aunque llegarán algún día. Cerebros de titanio. Félix tiene un amigo, un chico joven que se llama Pedro Vidal. Este chico trabaja en una ONG y es cristiano, es un cristiano de izquierdas, un cristiano de base, que practica las tesis de la teología de la liberación. Félix le explica el caso de CNTN. Pedro dice que como cristiano, aunque sea cristiano comunista, cree en el demonio. Pedro dice que tal vez un exorcismo funcionase. Pedro se alarga explicando la tesis de por qué un cristiano de izquierdas debe creer en el demonio. Las ideas que lanza son confusas. El propio Pedro advierte que sus ideas son imprecisas y raras, muy tercermundistas, no queda claro en modo alguno la relación entre izquierda y demonio. Pedro se entristece. Finalmente dice: es la decimosexta vez que fracaso a nivel oral, a nivel escrito he perdido la cuenta. Dice: algún día lo conseguiré, conseguiré vincular dialécticamente la existencia del demonio a la revolución, a la izquierda revolucionaria.
Pedro, Félix y CNTN están cenando en el MacDonald´s de la Gran Vía madrileña. Pedro intenta averiguar si un exorcismo funcionaría. CNTN explica sus alucinaciones: la visión de una mujer que se llama Raquel, que queda -después de treinta años de amor irreal- con él en polígonos industriales de ciudades españolas, los duelos a pistola con Raquel, una pistola de 1832, la presencia del marido de Raquel, la creencia de que él mismo, el propio CNTN, tiene mujer e hijos, o la llegada inesperada de las ambulancias y la policía cada vez que se ve con Raquel en los polígonos industriales. CNTN dice: y hay que añadir el asunto de los pechos de Raquel. Pedro coge la mano de CNTN porque verdaderamente siente una compasión ilimitada. Félix dice: ves, Pedro, te pasa lo que a mí, CNTN nos conmueve. CNTN dice: pero estas alucinaciones me matarán. Ahora ya están comiendo sus hamburguesas y de vez en cuando se miran; Pedro mira a CNTN, CNTN mira a Félix, Félix mira el panel con los precios porque se ha quedado con hambre. Los tres se han quedado con hambre y deciden comerse la segunda hamburguesa. Es curioso: los tres eligen la misma hamburguesa. Se trata de la Bigmac. Hablan un rato de la Bigmac. Félix Rodríguez dice: Pedro, tenemos que ayudar a CNTN. Como además de las hamburguesas se habían pedido unas ensaladas preparadas, les habían dado tres tenedores de plástico. Se quedaron mirando los tenedores. CNTN dijo: ¿cuántos tenedores de plástico debe de haber en el mundo? Pedro dijo: habrá miles, pero aún hay más seres humanos; lo que más hay es seres humanos; hay más seres humanos que: árboles, casas, serpientes, monos, helicópteros, lagos, termómetros, centros comerciales, aspirinas y coches. Félix dijo: libros hay más. CNTN dijo: igual no. Pedro dijo: tiene razón Félix, hay más libros. CNTN dijo: pero a qué te refieres: a títulos o a ejemplares; ejemplares claro que hay más, es obvio, ¿pero títulos? Pedro dijo: títulos, se refiere a títulos, coño, no se va a referir a ejemplares. Félix dijo: bueno, da igual, porque sólo en nuestra galaxia hay más estrellas que seres humanos, es decir, que lo que más hay es estrellas. CNTN dijo: ¿y pistolas? ¿hay más pistolas que personas? Pedro dijo: vale ya, comamos la jodida ensalada. Félix dijo: eres un sacerdote que se permite muchas licencias con el lenguaje, y que conste que lo que más hay es estrellas, más estrellas que: pistolas y seres humanos y libros.
Se quedaron mirando los tenedores ya manchados levemente de restos líquidos del preparado de la ensalada. CNTN dijo: igual esos tres tenedores son una familia de tenedores. Entonces, Pedro, Félix y CNTN se cogieron las manos, se sintieron súbitamente tan solos que los músculos de sus brazos buscaron las manos de los otros. Pedro dijo: ayudemos a CNTN.
Salieron los tres del MacDonald´s de la Gran Vía. Cada uno se llevó su tenedor de plástico. Ni siquiera los limpiaron con las abundantes servilletas que dan en los MacDonald´s. Se guardaron el tenedor manchado de restos de la ensalada en sus respectivos bolsillos. Félix guardó el tenedor en su americana. Pedro en el bolsillo de la camisa. Y CNTN en el bolsillo del pantalón. Félix dijo: si guardas allí el tenedor, CNTN, se te romperá. CNTN dijo: pondré el máximo cuidado en que eso no ocurra. Entonces, CNTN sacó la estampa de Raquel que llevaba en su cartera y la mostró a Félix, que ya la conocía y mucho, y a Pedro. Pedro dijo: Parece la Virgen María, parece la Madre de todos nosotros. Félix dijo: como no puede ser nuestra novia, que sea nuestra Madre, qué bien Pedro, eres genial. CNTN dijo: busquémosla por las calles de Madrid, por las circunvalaciones, por las urbanizaciones perdidas, busquémosla a través del tiempo y del espacio, vayamos a 1832, busquémosla, por favor. Es mi novia, mi compañera, mi esposa, mi hermana, mi locura. Es Raquel. Es Gran Raquel. Es la Atmósfera, la Atmósfera absoluta. Estuvo aquí hace un millón de años y sigue estando aquí, ¿no oléis su santa pureza, su árbol infame? Es nuestra madre, la madre de todos los hombres, la Atmósfera, que tiene música dentro. Pedro dijo: enséñame la foto otra vez, joder qué madre tienes, tío, pero no parece tu madre.
Se montaron en un taxi. Los tres iban detrás. CNTN iba en el medio, con la estampita de Gran Raquel en las manos. Los tres miraban a Raquel. Le enseñaron la foto al taxista y le dijeron que estaban buscando a esa mujer. El taxista les dijo que sabía dónde estaba, que les diría dónde estaba a condición de que le permitieran sumarse al grupo.
Julio-agosto 2009 ©