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Stealing beauty nel Chiantishire.
El ocaso del sea, sex and sun.

Por Ana Ciurans

 

Si digo sorprendente me quedo corta. Pero efectivamente por alguna parte hay que empezar y los adjetivos tienen esa componente comunicativa y publicitaria que conlleva siempre una entente cordial entre lo que queremos y lo que somos capaces de decir. Así que, decía, es sorprendente, en efecto, este libro, In Toscana publicado hace ya dieciséis años por la casa editorial inglesa Penguin y desde entonces punto de referencia para el viajero que no turista, europeo y americano. Acostumbrados a esperar y a no desesperar, llega ahora a Italia de la mano de una nueva editorial de Florencia, Barbès.
In Toscana es una caja de Pandora de donde sale de todo: historia, arte, costumbres, manías, gastronomía, enología y un montón de detalles que solo el viajero observador, ese que no lleva billete de vuelta ni mucha ropa, pero que jamás olvida la camiseta del concierto más memorable de su vida ni el libro con el que perderse, sabe hacer suyos. De los etruscos al Renacimiento, de Miguel Ángel, Leonardo y Savonarola a Maccari, de las colinas del Chianti a la Maremma. Cuarenta años de vida en Toscana y sobre todo entre toscanos no han hecho perder al autor Matthew Spender, inglés de nacimiento, le mirada británicamente distanciada con la que juzga, con humour y ternura, ésta y aquéllos, pero que seguramente lo han suavizado. En la introducción declara su buena fe y la esperanza de que la versión italiana no ofenda a las personas que ama y a los muchos amigos toscanos que ha hecho a lo largo de estos años. Y no podría ser de otra manera. Recuerdos, consideraciones, impresiones acerca de la superposición entre las dos culturas que no siempre se amalgaman con facilidad, se tratan en este libro con la delicadeza de quien entra sigilosamente y con respeto casi religioso, en los asuntos ajenos y de quien sabe ironizar, en primer lugar, acerca de sí mismo. El resultado es un libro a mitad de camino entre el ensayo y la novela autobiográfica, del que tal vez sea más fácil decir lo que no es. O sea, una historia detallada de Toscana, una guía turística para viajeros intelectuales o la biografía del autor.


Pero en realidad, cuando decía sorprendente no me refería sólo a la heterogeneidad de los temas y al sutil punto de vista que a partir de los detalles sale la corriente y alcanza una visión muy especial del conjunto, sino también a la personalidad absolutamente original de Spender. Sirva de ejemplo el hecho de que Bertolucci se inspiró en su casa y en su entourage para realizar la película Stealing beauty (Belleza robada). Io ballo da sola, en italiano. La película, del ya lejano 96 y juicios a parte, en la que aparecen muchas esculturas de Spender, plasma a la perfección este Chiantishire que es la Toscana sajonizada. Una colonia sofisticada e intelectualmente elitista que hace del voyeurismo declarado la finalidad de un viaje a esta tierra o de una vida en ella. Porque aquí se viene a robar la belleza. Los primeros ingleses que llegaron a finales de los años sesenta siguiendo las hormas de los viajeros anglosajones del siglo XVII, borrachos de sol, vino y esplendor, compraron casonas, las reformaron, tuvieron hijos y muchos se quedaron a vivir. Matthew Spender, escultor y pintor, casado con la pintora Maro Gorky que firma la estupenda tapa del libro, hijo del poeta Stephen Spender, entre ellos.
No es de extrañar por lo tanto que a pesar del dicho "En Radda, Gaiole y Barbischio, no vive ni Cristo", un grupo de expertos en turismo y calidad de vida de la revista estadounidense Forbes, haya colocado Radda in Chianti, localidad de 2.600 habitantes donde vive Spender, en el primer puesto de los diez lugares mejores de Europa para vivir, aunque, dicho sea de paso, bastaba la opinión de Spender.  Elevada calidad de vida para quien aprecie el slow style y esté dispuesto a renunciar a ciertos servicios, bosques, viñedos, castillos y pedanías. Todo a media hora de coche de Siena y a una hora de Florencia. Vida lenta, esa que ahora van descubriendo los workaholic en la terapia de desintoxicación, con suave movimiento en la plaza principal, cuyo céntrico bar-quiosco es el punto donde hacer encuentros interesantes.
Otra de las curiosidades de Spender es su padre, Stephen Spender que con Auden e Isherwood es considerado uno de los poetas más importantes de principios del siglo XX en Inglaterra. Stephen Spender que participó en la Guerra Civil española como soldado de las brigadas internacionales, siguiendo a un chico del que se había enamorado, escribió su autobiografía Un mundo en el mundo que ahora publica la citada editorial Barbès. La obra fue objeto de una disputa judicial tras haber sido prácticamente plagiada en su totalidad por el escritor americano David Leavitt que hizo de ella un best-seller con el titulo Mientras Inglaterra duerme.

Pero volvamos a nuestro libro. Spender declara desde las primeras líneas, en la introducción, que no se considera un escritor y que una piedra no es nunca ambigua pero que la palabra sí lo es. Pero a pesar de ello, logra describir el paisaje toscano con una índole que lo acerca a esos grandes viajeros sin prisas, gracias a pasajes como este: al final del verano la Toscana meridional adquiere la consistencia del terciopelo descolorido tras años de sol. O bien: Italia (…) es un país unido por ritmos casi imperceptibles, aunque el sonido que emerge de estos ritmos parece a veces un remoto conflicto.
Detalles que compensan con creces los excesivos datos históricos que Spender introdujo en la versión original inglesa para orientar a los lectores de ultramar y que en cualquier caso son lo suficientemente inaccesibles que logran formar parte integrante de la fantasía, come él mismo explica.

Dieciocho capítulos que demarcan el mapa de una Toscana diferente, insólita, secreta y elegida. Sobre la que se posa una mirada que, sin ánimo de hacer sociología, excava en los habitantes y restriega las verdades en la cara. Como esta, a propósito de la carioca vistosidad de las italianas: El bar se había atiborrado de gente que iba a comerse un helado [...]. No podía evitar la comparación de su aura con la de Victoria. Ellas con el pelo recogido, los tacones de aguja, los tejanos rotos por una máquina industrial y un poco planchados. La crème de la crème del chic provincial. Una con una camiseta de lozanos plátanos que salían de los labios de un hibisco tropical, conjuntada sin un mínimo de ironía. Otra llevaba en el pecho un Miles Davis agrietado y descolorido como si desease sugerir una vasta experiencia cultural. Vestidos idiotas llevados con seriedad, como demostración de cuanto podrían perder estas chicas trabajadoras, de cuanto hubieran podido perder. Por el contrario Victoria era un espacio vacío. Sin ridículas banderas autolesionistas de Babilonia o Grecia sobre su hermoso pecho, sin flores de la jungla. Sólo una camiseta blanca, ancha. Mundo académico de vacaciones, cerebro en pausa.
Naturalmente no falta uno dedicado completamente a los artesanos florentinos sobre los que pesan todos los genios que han trabajado en esta ciudad y de los que Spender dice: Los artesanos me gustan mucho, he pasado con ellos gran parte de mi vida, algunos son verdaderos maestros y otros solo entusiastas. El ideal para mí es el hombre tranquilo que produce cuanto le basta para vivir y que trabaja a ratos perdidos en su taller, pensando en crear formas nuevas. A veces la realiza y otras sólo  habla de como realizarlas, como si fuesen cosas lejanas, íntimas que tal vez un día lograra realizar. Y que estas cosas se realicen o no poco importa. En Toscana el pasado y el presente se difuminan. Y aunque a veces parezca que las cosas sucedan en otro lugar, a los toscanos esto no les preocupa mismamente, ocupados como están en seguir el torbellino de ideas que esta tierra produce desde hace siglos.
Imprescindible la lectura para los toscanos de nacimiento y de adopción, ya sea de algunos días, semanas o años. O, como ocurre a menudo, de una vida entera.

Si estáis todavía dudando en donde pasar las vacaciones, a los que no leen en italiano ni en inglés aconsejo volver a ver Belleza robada. Carreteras serpenteantes, colinas onduladas y mares de trigo maduro. Lo sé, en verano nos vuelve a la cabeza aquélla canción de Gainsbourg, Sea sex and sun que además es estupenda. Pero eran otros tiempos, el 77 creo. A la playa, en el 2009, se va en invierno. En los albores del XXI el voyerismo tiene más morbo que el sex a secas que ya está muy visto. Y en cuanto al sun, garantizado. No hace falta ser un genio para comprender que en un bar de Radda se conocen personas mucho más interesantes que en uno de Lloret de Mar. Pero no se lo digáis a quien de golpes de genio está desprovisto. Un hombre se reconoce por sus elecciones. Por la música que escucha, por los libros que lee y sobre todo por los lugares a los que concede. El truco está en seguir la dirección contraria, como actitud y filosofía. Para afianzar el concepto yo, en Toscana, vivo desde hace unos veinte años. A quien se va, felices vacaciones. Y sobre todo, robad belleza y no la deis gratis. Que, digan lo que digan los de Forbes, no todo se compra con el vil dinero. Para estar dentro hay que estar, primero de todo, dentro de nosotros mismos.


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