24 horas en la cabeza de una pija
Por Juan Felipe Gil Ramírez
10:00 am de un día cualquiera en algún sitio con oficina de atención al público: Un ¡Hola!, superficial y de trámite, es en el mejor de los casos lo menos brusco que oyes. Está echando un piti, tomando una caña o un Baileys con Coca Cola en el bar de al lado, de baja por depresión o simplemente de mala leche, creo que bajo pa'abajo a pillar un d'esto. El sistema no permite acceder a la información o cualquier otra situación similar no es atípica... Todos los días pasa lo mismo (dice la mujer). Es culpa de la tardanza del metro o de la caída de la bolsa. ¿Qué es la bolsa? Joer, nada de esto es nuevo. Con todo convivo y con todo mal vivo. (Crisis actual: ¿cuál es la actualidad de la misma? Quisiera saberlo… los restaurantes y bares siguen repletos.)
Me cago en Dios, en la tumba de todos tus muertos o en todo lo que se mueve… el país va mal y es culpa de los inmigrantes o del Espiderman, tal vez del mal funcionamiento del bicing… pronunciado a lo ibérico obviamente, esos ingleses pronuncian el inglés muy raro, así no lo enseñaban en la escuela.
11:12 am: En tiempos de Franco no pasaría nada de esto. ¡Qué socialistas somos! ¿Qué es realmente ser socialista? En las próximas votaré al PP. Qué fort tío, la gente no se esfuerza por aprender el idioma y va a desaparecer, uno o dos artículos en cada periódico local hacen referencia a lo mismo. Eso no me deja dormir, me da terror y al día siguiente voy al trabajo con ganas de hacer nada.
12:00 pm: Fumar un piti de seguro ayudará con este pesado día. ¡Qué pesao! Cuanto extraño los tiempos en que podía fumar hasta en el bus, que indigno es hacerlo en la puerta del edificio… hoy con este frío, en unos meses con ese calor. La ciudad está invadida de turistas y extraños… ¿Perdón sabes dónde queda la calle Siracusa? (en catalán)… ni idea. Esta gente no sabe res, vienen a tu ciudad y ni las calles conocen. No lo soporto.
2:00 pm: No soporto tampoco ver estos negritos en las calles principales, pero que bonitos bolsos venden. ¡Ojala estén "trabajando" cuando vuelva a pasar! Con esto y las gafas estereotípicas de montura de pata ancha y colores llamativos soy más de aquí, tal vez el iPod otorgue un toque cosmopolita y me diferencie de estos bronceados extranjeros. ¿Dónde está el iPod?... pronunciado como se lee en español, no como lo hacen esos ingleses y americanos que no saben nada de nada... ¿cómo que la i suena como ai?... pringaos.
3:00 pm: Pasan las suramericanas con sus escotes prolongados y sus pantalones tan ceñidos al cuerpo. Las puedo ver por las ventanas… no hay como el negro, el gris y la palidez del rostro, de los rostros de los de aquí, pero que envidia me dan sus grandes senos y su color de piel… deberían volver a sus países. ¿Cuándo reuniré para ir a tomar el sol al Caribe mexicano? Así me podré sentir en los territorios del viejo y gran imperio y por ende como una reina, aunque no me guste la monarquía… un momento, yo no soy… yo soy… ¿qué soy? Mi nacionalidad no es española, ¿o sí? Por lo menos eso quiero hacer creer, o dar a entender, o pretender, o siquiera intentar; no ser español para quejarme por algo o pasar por incomprendido para justificar mis enfados. El todo es tener por qué quejarme.
4:00 pm: Hoy salgo temprano del curro, por fin termina este recurrente día. De lunes a viernes es lo mismo. ¡Qué realidad tan estrecha! Espero volver a encontrar en el metro al chico que me mira con deseo. Llego, lo busco, y no está. Trato de ir despacio en la estación y nunca llega. ¡Qué injusto es el azar! ¿Existe la justicia? con las ganas que tenía de sentirme follada, aunque fuera mentalmente.
4:30 pm: Lo tengo todo planeado. Llegaré a casa me fumaré un porro con los restos finales del chocolate, prepararé un bocata, y me dejaré hipnotizar por la tele.
5:53 pm: Entro en el sofá en compañía de varios cojines y de repente imagino que el chico del metro que me folla con los ojos está a mi lado. No entiendo por qué instintivamente mis dedos acarician mi vagina... no lo quiero entender ni me lo cuestiono. Termino con lo que inicié irracionalmente y me doy cuenta que hoy debo salir a explorar el mundo, pero antes debo tomar una siesta, ducharme y ponerme guapa.
8:00 pm: La siesta degeneró en un largo y pesado sueño que me restará tiempo de preparación. Empiezo a buscar lo más adecuado para la noche y echo mano de algunas de mis mejores armas: bragas pequeñas de Hello Kitty, falda de cuero negra, tacones negros altos y una blusa blanca escotada, que deja ver mi sostén rojo... espero que la sensualidad que me adorna mute en sexo. El pelo muy recogido y las uñas pintadas de rojo hacen parte de la esperanza de conseguir algo esta noche.
9:00 pm: Entro en la ducha y fantaseo con dos chicos a mi alrededor. ¡Que apetitosa me encuentro! Me lavo con esmero, profundidad y a conciencia.
9:42 pm: La soledad que sólo se acompaña de mi reflejo en el espejo me hace casi huir de casa después de vestirme. Recorro los bares cercanos en busca de una barra decente. Ingreso en varios y solo consigo aumentar el nivel de alcohol en mi sangre... los chicos catalanes no están interesados en mí.
11:39 pm: Busco un bar de turistas y me siento en la barra. El quinto cubata entra en mi garganta con la facilidad que entraría el néctar del hombre que aún no encuentro. Un chico me mira y empieza a jugar... mira con insistencia, sonríe, sus pies se alinean hacia mí. Dudo un poco sobre la conveniencia de esto, el juego se prolonga y lo correspondo tímidamente.
11:52 pm: Me siento mareada; el chico ha ganado gran interés para mí. Tengo una imagen momentánea de un caudal de fluidos brotando de mi ser. No lo soporto más. Me acerco, me presento, tomamos otro cubata, y la conversación se encamina hacia mis objetivos. Pongo mis manos en sus piernas y las deslizo hasta su entrepierna; él está a punto, yo también.
1:04 am: Salimos del bar sin definir si vamos a su sitio o al mío... no he tenido tiempo de hablar con él. Lo beso con deseo y no puedo recordar su nombre. No me importa y podría apostar que el ni se interesa por el mío. Estamos igual, vamos camino a mi casa y recuerdo lo que olvidé en la ducha, mi monte de venus está tan poblado que parecería que he renunciado a los productos de la compañía Gillette a mediados de los 80, así como muchos renuncian a un producto determinado.
1:10 am: No sé como decírselo, no quiero decírselo. Me avergüenza mostrar una zona tan salvaje a un extraño... no sé porque simplemente no se lo digo sin rodeos, al fin y al cabo es un Don Nadie. No puedo y me juego mi última carta. Nos morreamos en una esquina, pasa un indigente y nos insta a no detenernos. Algunos coches cambian la intensidad de las luces para ambientar la escena, el chico intenta consumarlo todo aprovechando la ventaja que le proporciona mi falda. Me rehúso y, para evadir la situación, decido que una felación apagará sus ansias y me calmará esta sed tan humana que me corroe por dentro. Todo termina muy rápido y siento como el sustancioso órgano ajeno se contrae en mi boca; bebo el resultado final con pasión e indignidad. Siento como la cara de Hello Kitty estampada en mis bragas se moja lenta y progresivamente y sé que mis dedos deberán digitalizar mis órganos.
1:14 am: Un poco abochornada por el espectáculo publico, con algo de esperma aún en mi paladar, doy la espalda al extraño del que acabo de beber y emprendo el camino a casa. Él corre detrás de mí y me alcanza.
1:17 am: Me habla en un mediocre español, desconoce del todo el catalán, trata de continuar con lo prontamente terminado y yo le propongo lo de siempre: intercambiamos los números de móvil y los correos electrónicos. Sé que nunca me llamará, ni yo a él.
Fue una noche caótica y desenfrenada, tengo tantas cosas para contar, tantas dudas y tantas anécdotas, tantos remordimientos y tantas satisfacciones... tengo esto y no tengo nada, tengo un recuerdo vago del sabor del semen de un extraño en mi boca y no tengo a nadie a quien contárselo con risa. ¡Qué sola estoy! Como añoro volver a la oficina y gastar las largas horas en los largos, pesados y recurrentes días de trabajo e inconformidad general.
No sé si entiendes o no la paradoja de mi vida, de la vida. No sé si me expreso con claridad. No tengo con quien intercambiar ni una palabra e intento trabar conversación con alguien, sobre cualquier tema... no me importa. ¿Sabes lo que te quiero decir? Sólo quiero compañía.
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Marzo-abril 2009 ©