Dos Piedras
Por Judit Ortiz
Caminante no hay camino, sólo dos piedras, una para cada mano. Cógelas. ¿Pesan? No te quejes y anda con ellas. No las sueltes. Son tuyas. Una es la hipoteca y la otra es el coche-centro-comercial-visa-al-rojo-vivo. Anda, ve. Corre. Baila. Vuela. ¿Qué? ¿Sudas? Pues cómprate una de las miles marcas de antitranspirantes, que sudar en este camino está muy mal visto. Enderézate, que pareces un simio. Acicálate y sonríe aunque no tengas ganas. Si estás triste, vendrá algún sabelotodo diciendo, proclamando en todos los simposios que alzan su nombre más y más entre los autodenominados expertos, que, resumiendo, tu estado es un síndrome de novísima generación producto del camino y saldrás como ejemplo en las nuevas ediciones de los manuales de psiquiatría. Sí, ya lo sé, sólo estás triste. Simplemente eso. Pero sonríe siempre. No, así no. Histéricamente no, que volverás a ser el protagonista del manual de psiquiatría y de las conversaciones de tus vecinos que, espantados y escandalizados, empezarán a sospechar que por el camino encontraste a alguna furcia y que te has enamorado de alguien que sólo te saca los cuartos y así te has olvidado de tus churumbeles. Sí, lo sé, no te lamentes, si no tienes ni fuerzas para hacerle el amor a tu mujer, ¿cómo vas a ir buscando una amante por ahí? Pero, por favor, no seas hipócrita: ¿por qué le llamas amor dulce romántico de fresas escarchadas en azúcar? ¿Eh? ¿Por qué le llamas amor cuando lo que deberías es aprender a llamar las cosas por su nombre? Sexo, pedazo de mendrugo. Sexo salvaje y carnal. No hay nada de malo en ello. Deja la idea del amor para Platón. ¿Que qué haces con las piedras? No las sueltes por nada del mundo, son tus tarjetas de identificación personal, los vampiros que cada noche chupan tu sangre; si los sueltas estarás en las listas del RAI, el cobrador del frac dormirá en tu puerta y no podrás ir nunca más al banco, aunque sea únicamente para sentarte. Anda, ve. Camina por el camino. Con esas ojeras no vas a ninguna parte, sólo al médico y te lo aconsejo, no cojas la baja porque por menos de eso vas a perder el trabajo, la casa, la familia y en poco tiempo estarás fuera del camino. Toma, ponte este maquillaje, o no, mejor ponte esta crema antimorenas. Sí, sí las top-model se las ponen bajo los ojos para estar impecables en los desfiles de moda de ficción marciana y en las sesiones fotográficas retocadas con photo-shop. Caminante, anda y levántate. Así estás mucho mejor. Sí, ya sé que el sueño no te lo quita nadie, pero hay que joderse. La vida es dura y el suelo de este camino mucho más. ¿A quién le importa que hayas tenido gemelos en el tercer embarazo de tu esposa? ¿Quién vendrá a ayudaros en las guardias imaginarias que montáis de noche para alimentarlos? Anda, ve y corre a la farmacia de turno por este camino de aquí, no te desvíes, y pide algo para que de una puñetera vez los cólicos infernales se acaben y puedas dormir. Pero, cuidado, no te duermas por el camino que mañana hay que madrugar y a las 8 en punto tienes que presentar el informe a tu jefe. Da gracias a Dios que vuestra relación es insípida, si no, ya mismo te colocaba la tercera piedra encima de la cabeza, ¿de qué otra manera la ibas a llevar? Céntrate, camina erguido, con equilibrio. El secreto es este: mantén la fachada bien limpia, ¿qué más da si los cimientos de una ciudad entera hacen aguas? Lo mismo contigo, caminante ejemplar. Que la vida es sueño, y los sueños vida son. No los cuentes a mucha gente, guárdalos para ti. No, escribirlos no, que después alguien muy listillo los copiará, hará un best-seller mundial de tus sueños más profundos, cual caja de Pandora, y tu intimidad habrá sido violada y esparcida a los cuatro vientos. Mantén las formas mientras caminas, ni una gripe puede detenerte: tienes miles de fármacos esperándote y unas cuantas farmacéuticas con los dientes sedientos llenos de saliva dando la bienvenida a tu enfermedad, que ellas mismas se encargan de mantener. A cambio de tu dinero. De tu sudor, que no puedes mostrar (embadúrnate todo el cuerpo con el antitranspirante: ya puestos, ¿qué más dan unos centímetros cuadrados más de piel a untar?). Así, caminante, muy bien, tu ritmo es excelente, estás imparable. Eres la envidia de todos. Incluso las mujeres se paran en el camino y odian a la mujer que está detrás de la alianza que llevas en el dedo anular derecho. No te detengas, ¿acaso has visto alguna señal de stop? Estás entorpeciendo el tráfico de miles de hombres, pero, ¿qué digo? miles no, millones que también caminan. Las normas de circulación hay que respetarlas hasta las últimas consecuencias. Uno solo que se pare sin avisar, uno solo que deje el camino, será un proscrito porque habrá puesto un espejo delante de los otros. No quieras ser un héroe y camina como los demás. ¿Quién eres tú para recordarles a los otros los sueños que se pierden cada noche en el pozo del universo? ¿Quién te crees que eres mostrando tus deseos? De eso nada, monada, que la sociedad te ha dado todo lo que tienes. Eres así y estás aquí en el camino gracias a todos. No seas desagradecido, anda y no pierdas el ritmo caminante. La vida es dura y el suelo de este camino mucho más. Y si no te gusta: dos piedras, las que tienes en las manos.
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Marzo-abril 2009 ©