Poemas de Miguel Ángel Gara
La sombra caía camino de la casa
y puede que la sombra
fuera una sombra ajena
una brillante sombra cercada por los ojos,
la sombra acuosa y libre en su tensión
de sombra o el miedo que la mente celebra
tras su derrota lógica, la sombra
atolondrada de piares ciegos, el revoltijo gris
de la piel de una sombra bajo la lluvia alada,
la sombra de un fulgor, alta sombra brillante
que entre el vértigo cae
y no regresa.
... ....
la ausencia es la suavidad de lo extraviado, seda fija al pulmón, camino que
divide los caminos, con pasos de silencio en la sangre aún invisible el niño
es una cuchilla tierna, tensión que otorga a un mundo progresivamente abierto
el telón cae en los cines de la calle, en la fanfarria de novedades los
leones dormitan y las alfombras mullen bajo los compradores. el mercader
expulsa profetas del templo: marchaos de aquí, –proclama– no mancilléis de augurios la casa de mi padre. la magia de los cines es así, se hace la realidad
la mujer del balcón es contemplada por los fugaces peatones de la calle, Pelagia, susurran, y ella desaparece hacia el interior como si su estado natural fuera el tránsito, la oquedad que abandonan sus ojos perennes
la dirección de la calle es el futuro pero algo se abate en el latido de lo que fue colina, posadas, las acacias asen el instante como manos y lo encienden con su duro albumen de ser vivo, golpes del pedernal de pisadas que no se repiten, que surgen y desaparecen, en los campos de fuego
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Marzo-abril 2009 ©