Documentary road movies:
Coyote de Chema Rodríguez
Por Clare Gaunt
Las primeras road movies “demostraron una geografía física y humana que nunca se había capturado en imágenes en movimiento”. (Walter Salles). Hoy, con la accesibilidad de transporte y la omnipresencia de Google Earth, hay pocos sitios que nos queden por descubrir. ¿Son los documentales las road movies del siglo XXI?

Los documentales nos llevan a conocer otros sitios, cuentan la historia de vidas y situaciones ajenas, de contextos que no conocemos pero que nos interesa mirar. Y quizás este proceso de conocimiento, ese viaje por parte del director es, hoy en día, lo más cercano a las road movies.
Este año el Festival de Berlín seleccionó la ultima obra de Chema Rodríguez, que debutó en la dirección con Estrellas de la Línea. Coyote sigue los pasos de un traficante de inmigrantes ilegales, un trabajo conocido en Centro-América como ser un coyote, con sus tres ‘clientes,’ hacia la frontera con los Estados Unidos. Es un documental que usa el recurso narrativo de las road-movies.
Los clientes tienen motivos varios para alejarse de su país. El más joven tiene 17 años y una familia muy pobre. Quiere irse para poder enviar dinero a su madre, vil metal invertido en la comida de sus hermanitos. Una señora de unos 40 años tiene una necesidad de seguir moviéndose, de perseguir un sueño no identificado, aunque signifique abandonar a sus niños y dejarlos en manos de su padre, poco interesado en ellos. Por último, una joven mujer quiere escapar de la violencia de su marido. Los ingredientes clásicos para nuestra road-movie están perfectamente en posición. Los caracteres no distan mucho de Ulises, el hombre que solamente quería volver a casa y esperó años por capricho de Juno.
Incluso el director tiene su viaje. Me dijo que en Guatemala, país que conoce desde 1989, “tengo la oportunidad a encontrar historias universales. Guatemala es una sociedad muy extrema en lo violento, en la cercanía, en la sensibilidad. Es muy fácil jugar con ellos desde el punta de vista de las emociones y las situaciones”. Para él “lo que importa es la naturaleza del personaje y la naturaleza de la historia,” valores claves en la ficción que encuentra más fácilmente cuando está mirando ‘el otro.’ Es el mismo proceso, descubrir el “otro”, que Che Guevara encuentra en sus Diarios de la Motocicleta, aunque Rodríguez tiene una reacción opuesta a la del Che, quien esta profundamente marcado por las similitudes existentes entre los pueblos de Sudamérica.
Lo verdaderamente interesante en Rodríguez es su uso de técnicas de ficción para contar su historia de la verdad. Hizo un casting para seleccionar a sus “actores”. Escogió a los queridos por la cámara y también a los que podían presentar conflictos, además de elegir hombres representativos de varias formas de inmigración. “Las películas documentales que hacemos también tienen un pie en la ficción. No son documentales totalmente basados en la improvisación. Hay mucho de puesta en situación y puesta en escena.”


Cierto, hay un grado de selección en cualquier documental, pero Rodríguez se demuestra orgulloso del hecho que “Nosotros manipulamos constantemente la realidad, para contar la verdad. La adecuamos a las necesidades narrativas que tenemos para hacer una película. El viaje ese no se hubiese producido sin poner los elementos fundamentales. Nosotros creamos una realidad nueva. Analizamos (todo) para crear algo que permite ser cinematográficamente contable.”
El problema con su documental, que es divertido, es ser una ventana sobre el mundo del tráfico de inmigrantes sin papeles, que se limita a plasmar imágenes sin profundizar en la temática. La cámara trabaja sin captar los matices que debería. El mismo director dice que el making-of será casi mas interesante que su película.
La acción, el viaje adquiere más importancia que cualquier carácter, reflexión o exploración. El equipo está tan ocupado con su tarea de poder seguir al viaje de sus personajes que pierde mucho de la información interesante que ganas hablando con el director. No aprendes en la película que hay una cuota establecida por el gobierno mexicano de inmigrantes que tienen que ser devueltos a sus países, y que después de cumplir con esta cuota, los oficiales aceptan sobornos de entre 100-150 € para dejar pasar a la gente.
Atrapada en la acción, la audiencia no tiene tiempo para empatizar con las protagonistas. Ni para apreciar su dilema, siendo obviamente consciente de ello, ni para realmente conocerles. Esta ausencia de lo contemplativo, de la mirada hacia el horizonte, clave en todas las road movies, combinado con una ausencia de información contextual y una cinematografía de poca calidad– por su ocultación, filmada mientras se corre–produce una película divertida y rápida, pero de poco impacto.
Una road-movie documental no funciona cuando lo que más se documenta es la carretera. “El cine es un arte dramático si es un arte.” (José Padhila) . Las road movies con mas éxito son aquellas donde el viaje es símbolo del progreso de sus protagonistas, sean personajes, sean contextos históricos: Easy Rider trata de la perdida de inocencia de los años ’60. Otra característica vencedora consiste en mostrar como el viaje de los personajes refleja cambios en su entorno. En Coyote, la única cosa que aprendemos sobre Guatemala es que la gente quiere irse de allí.
Hay elementos muy documentales en las road movies, un sentido de lo inmediato, del encuentro, de un proceso de aprendizaje. Pero estos elementos son transmitidos por el arte de filmar caracteres en movimiento. No es suficiente seguir su ruta. Quizás lo documental de las road movies funciona mejor en ficción.

Marzo-abril 2009 ©