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La historia del mundo
vista en los residuos de una taza de chocolate

Por Clare Gaunt

Me llamo Clare y soy adicta al chocolate. La primera vez que lo tomé fue en forma de tableta de Fry’s Dark Fondant. Mi madre me la compró cuando fuimos juntas por primera vez al cine que entonces había en mi pueblo. Tenía  unos 9 años. Quizá en aquel momento se determinó mi destino como viajera a países productores del verdadero oro negro.
Mis primeros pasos en el mundo de las delicias fueron mucho menos significativos que los de Hernán Cortés, el primer europeo en saborear la bebida conocida como xocolatl. Los Aztecas, herederos de la tradición Maya, fueron los primeros en tener contacto con el árbol del cacao, (una especie autóctona del  amazonas). Consideraron que el cacao era un regalo de los dioses. Como también creían que Cortés era la reencarnación del dios: Quetzlcoatl. Cuando desembarco en Méjico en 1519, se lo ofrecieron.

Pero el conquistador tenía una visión muy funcional, y en vez de disfrutar del sabor rico de esta bebida espumosa con chile y pimienta, apreció su poder energético y lo dio a sus soldados para que pudieran estar un día sin necesidad de comer otra cosa. Desde entonces no es sorprendente este uso, las fuerzas aliadas durante la Primera y Segunda Guerra Mundial iban equipadas con su ración de chocolate, importante por su alto valor energético. Además, uno de los efectos de las endorfinas producidas cuando comes algo dulce es que reduce la sensación de dolor.
Los Aztecas también utilizaron los granos de cacao como moneda de cambio. Los servicios de una prostituta y la compra de un conejo valían 10 granos, ¡no se quién ni como establecía los valores!, mientras la vida de un esclavo valía 100. Los impuestos se cobraban en cacao. Pero el hecho quizá más sorprendente es la práctica de la falsificación de dinero. Granos vacíos eran rellenados de barro para servir como dinero falso.  
El futuro del mundo ya se podía ver en los posos de una taza de la bebida Mejicana. Fue un fraile el que trajo la delicia a España como un regalo para el Abad Antonio de Álvaro del monasterio de Piedra en Zaragoza. Se difundió rápidamente. En el monasterio de Poblet en la provincia de Tarragona, todavía se puede ver la chocolatería, o salón donde los monjes disfrutaron de su rico sabor.
Sin embargo, la delicia adquirió categoría de verdadero lujo cuando llegó a la corte de Louis XIV de la mano de María Teresa, hija de Felipe V de España. Algo  que tomaron los ricos, nobles y educados. Fue entonces, cuando los dulces de chocolate, bajo el nombre de bombón, empezaron a regalarse. Ofrecer un bombón era la última moda si se quería demostrar bondad, riqueza y poder. E imagino que también sirvió para ganar favores.
Sólo cuando hubo más de un sólo imperio, momento en que británicos, franceses y holandeses plantaron árboles en sus colonias por todo el mundo para cultivar el bien preciado cuidado por esclavos, cuando bajó el precio del cacao. En el siglo XVII, el chocolate se podía beber en los "coffee houses", donde la burguesía, principalmente los hombres, quedaba para charlar sobre los problemas y los placeres del mundo. 

Una vez consumido por los segmentos más diversos de la población occidental, el chocolate se convirtió en una materia prima de importancia global. Las huellas de su vida como producto exclusivo y exótico, combinado con su sabor de terciopelo, ahora más a menudo mezclado con especies como la canela más gustosas al paladar europeo, lo convirtieron en un deleite popular.
Las nuevas tecnologías de principios del siglo XVIII también se aplicaron en la fabricación de dulces.  En 1828 el fabricante holandés, Conrad J. Von Huten inventó un proceso barato para sacar la pasta de chocolate de los granos. El británico, Joseph Starr Fry, el fundador de la compañía que todavía produce la  primera barra que yo probé, produjo la primera "tableta" de chocolate, dando modernidad a nuestro vicio protagonista. Gracias a la invención de la leche en polvo por el Suizo Henri Nestlé, su vecino en Vevey, Daniel Peter empezó a producir chocolate con leche.
Desde entonces, las innovaciones en las recetas de las marcas grandes han sido el secreto mejor guardado. La única posible intervención fue de la Comisión Europea, provocando la ira de los británicos al sugerir que los productos producido por Cadburys, la segunda compañía productora de dulces en el mundo, en términos económicos, no contenía un porcentaje suficientemente alto para ser considerado como chocolate. Después de la reacción de la prensa inglesa y algo de lobbying, la censura no se produjo y los ingleses siguen consumiendo una de las más altas cantidades de chocolate anuales por persona (9 kg) de Europa. En España el consumo medio es de 3,5  kg.
La historia del chocolate está dictada por la demanda y la moda. Me molesté al descubrir que mis hábitos chocolateros forman parte de las tendencias actuales. Preferencia por el chocolate negro con una alto porcentaje de cacao, un aumento de interés en productos de comercio justo y también una predilección por productos hechos con cacao de un único país de procedencia, un poco como las monocepages de los vinos. Los consumidores actuales tienen una nueva y creciente preferencia por productos más lujosos y mejor remunerados para el productor.
Se realizan estudios para conocer la calidad nutritiva de la bebida anteriormente venerada como algo divino. Destacan los estudios que se refieren al chocolate como un producto que no engorda y de alto valor alimenticio. También demuestran que algunos de sus elementos químicos son buenos para la salud. A través de los resultados de estos estudios he descubierto que existe una tipología de persona que está predispuesta, por la composición de su metabolismo, a consumir chocolate.
El proceso del disfrute del chocolate ha cambiado. Ahora los que reciben este regalo de los dioses no son élites, conquistadores, conejos... sino, afortunadamente, cualquier hijo de vecino el que tiene a su dsposición cualquier tipo de chocolate en cualquier momento. Y aunque sigo siendo adicta al chocolate y mi nombre es Clare, tengo que confesar que creo que ha perdido algo de su magia.

 

 

 

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