
"Marx, para mí, no existe".
Michel Foucault
"Foucault habla y habla pero no tiene teoría. No es gente seria. Tiene eco porque es fácil, es más fácil meterse con la razón que afilarla y usarla. Es un filósofo para haraganes".
Mario Bunge
Por Raúl Muniente Sariñena
Dicen que hay dos tipos de filósofos, los cínicos que no encuentran sentido en nada, y los utopistas, que dan sentido a las cosas a partir de alguna magnífica e inverificable presunción acerca del futuro. Michel Foucault pertenece a los primeros.
Primero hablaremos de Michel Foucault y después de sus difundidores en España.
Michel Foucault era lo contrario que Sócrates. Mientras el segundo salía a la calle y se enfrentaba navaja en mano a debatir con cada peatón, el francés que nos ocupa era un elitista lector de Nietzsche que defendía la endogamia, el grupo de amigos. Mientras para Sócrates, la filosofía se quedaba corta en su misión por cohesionar a las gentes y tenía que recurrir a los mitos, para Foucault era todo lo contrario. Es más, pasó de estudiar filosofía a estudiar una incipiente carrera llamada psicología. Se trataba de un hombre sin carácter, que pasó su juventud sumido en depresiones, con varios intentos de suicidio incluidos. Mientras Sócrates denunciaba los placeres como un obstáculo en relación a tener una vida intelectual digna llena de recuerdos, Foucault consagró su vida y obra a defender por todos los medios los placeres inmediatos. Foucault forma parte de los intelectuales franceses patéticos que dejan de lado a la acorralada Unión Soviética, facilitando la penetración de la ideología neoliberal estadounidense en el país francés. Esa marginación de la Unión Soviética y del Partido Comunista Francés se produce desde una increíble banalidad: la crítica del poder.
La obra de Foucault se concentra en criticar el poder, todo el poder. Sócrates jamás habría entrado en terrenos tan peligrosos, porque él asumía que la crítica al poder sólo se puede hacer desde otro poder, no desde la impotencia. Y quizás eso y no otra cosa, hacía y hace Foucault, fomentar la impotencia entre sus estudiantes y lectores. Apoyándose en la imagen de rebelde radical, con su rebeldía hacia la sitiada Unión Soviética, no hacía sino hacerle el juego a Estados Unidos.
Pero quizás el asunto no es tan sencillo, sino de raíz más profunda, porque Foucault admite esto. Foucault no tenía moral, consideraba todo una lucha de egos, como en el reino animal, sin esperanza alguna en relación al lado divino del humano. Incluso tiene una obra llamada La voluntad de saber, donde desprecia la sabiduría misma. El propio Chomsky dijo en una ocasión tras reunirse con el filósofo-psicológico francés algo en ese sentido: "Nunca he conocido a nadie que fuera tan completamente amoral. Generalmente cuando se habla con alguien, uno da por sentado que se comparte algún territorio moral. Con él me sentí, sin embargo, como si estuviera hablando con alguien que no habitara el mismo universo moral. No pude entenderlo; como si fuera de otra especie o algo así".
Foucault, al cargar el término poder con terribles connotaciones negativas, cae en un pesimismo estructural.
Sócrates habló, por pluma de Platón, largo y tendido sobre el poder, las formas de gobierno y "la legitimación del poder". La conclusión no puede ser más clara y trágica. Si dedicas mucho tiempo a los asuntos relacionados con el poder, no tienes tiempo para la filosofía y serás un gobernante vulgar . Por el contrario si dedicas mucho tiempo a la filosofía, todo a lo que te dediques se quedará en agua de borrajas si no consigues su implantación, serás un sabio, pero dentro de una cáscara de nuez .
Ahí es donde se sitúa, orgulloso, Michel Foucault, básicamente, obsesionado con la excepción más que con la regla, dedica su vida y obra a criticar ingenuamente el poder. En ningún momento se detiene a reflexionar en plan: ¿de qué poder estamos hablando? o ¿todo poder político es negativo? Igual le da ocho que ochenta. Salvajemente alejado de la franqueza socrática , la cual asume astutamente, cómo decíamos antes, que si estás criticando un poder es para defender un poder alternativo, aunque no lo confieses; Foucault prefiere renunciar al poder, reivindicando la impotencia del filósofo y su vida aislada en una cáscara de nuez. Y, ¿no sería el objetivo oculto de la agenda de Foucault conseguir la legitimación del poder establecido, sencillamente al criticarlo?
Ahora hablaremos de los difusores de Foucault en España.
Joaquín Maristany, genial maestro de Metafísica en la Universidad Autónoma de Barcelona nos hablaba de la influencia de Nietzsche en unos términos que creo que son perfectamente aplicables a Foucault.
Según él, se trata de autores hechos para el consumo de los ansiosos snobs que quieren estar a la moda. No hay adolescente que no tenga su libro de Nietzsche. Son autores que si te pillan despistado pueden quedarse como un cáncer dentro de ti para siempre porque están inmunizados. Ellos caricaturizan a la mayoría de grandes filósofos. El efecto entre el adolescente que no conoce las reglas del juego de la filosofía puede pensar cosas cómo: "que bien ya no hace falta que me lea esos tochos tan grandes para ser guay, leyendo a este que los critica a todos ya estoy a la última y me ahorro las molestias".
Concretamente el auge de Foucault se debe a un asunto de ataque masivo de la industria editorial francesa y del gremio de los psicólogos y pedagogos. En la Universidad Autónoma estábamos veinte en clase de filosofía y 150 en clases de psicología. Era realmente humillante estar estudiando en profundidad los diálogos socráticos y luego tener que aguantar a la mayoría de psicólogos sociales –que sólo leen a Foucault– dándote lecciones sobre la vida.
Porque en realidad, eso son los psicólogos sociales y los lectores de Foucault, los sacerdotes modernos, que te dicen que está mal la filosofía y que hay que dedicarse humilde y patéticamente a los placeres.
Así pues, el asunto es grave, porque el gremio psicológico, a causa de saturación que no de calidad, ha invadido tanto la sociedad, que la misma filosofía ha retrocedido, y por inferioridad numérica, como en la guerra, ha llegado a encajar a poetas como Nietzsche o Foucault en sus programas de estudio. De esta manera, muchas facultades españolas de filosofía, cómo la Universitat de Barcelona, están tan psicologizadas y dominadas por estos autores, que la filosofía crítica prácticamente.
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