Medio Mediterráneo en las garras de Pialí Baja
en el verano del 1558
Por Imelda Morris
Era mediados del siglo XVI y el mar Mediterráneo, sin tener la importancia de antaño, superado por el gran Atlántico de las plateadas Indias Occidentales, se agitaba en la complicada búsqueda de equilibrios entre diferentes fuerzas: imperiales austro-españoles, franceses, genoveses, venecianos y otomanos.
El conflicto entre Francia y el Imperio de la casa de Austria, en el momento del pasaje de poder entre Carlos I y Felipe II, determinaba dos bloques de frágiles alianzas: sólo los genoveses se conservaban fieles al lado del emperador, mientras los franceses podían confiar, a veces, en el respaldo de la potencia naval veneciana o en el clima poco amistoso entre algún Papa, como por ejemplo el napolitano Paolo IV Carafa (1555-1559), y la corona española. Una alianza quizás más frecuente, en el escándalo de la comunidad católica contrareformista, era la del rey de Francia y el Sultán Otomano de Estambul, cuya flota se dedicaba a una guerra “de corsa” con ataques a pueblos costeros y a barcos controlados por el ejército imperial.
No es mi interés entrar en el los detalles del complejo cuadro histórico de las potencias que gravitaban alrededor del Mare Nostrum en el verano del 1558, sólo quiero rendir un debido homenaje a uno de los protagonistas de esta época de batallas en el mar con motivo del 450º aniversario de su afortunada expedición.
Piyale Paşa, este el nombre del nuestro héroe. Recordado en España como “Pialí Bajá”, nació en el seno de una familia rica otomana alrededor de 1515, se formó para una gran carrera política, logrando en el 1553 el rango de almirante en jefe de la flota turca.

Figura 1
Era un hombre de guerra, pero los libros de historia europeos hablan de él como de un corsario... compartiendo reputación con su colega y coetáneo, el temible almirante Turgut Reis (o “Dragut”) [fig. 1] que durante 20 años sembró miedo en casi todos los puertos del Mediterráneo: Nápoles, la costa de Calabria, Mahdia, Túnez, Cullera, Córcega, Gozo, Elba, Capraia, Trípoli. Esta última plaza fuerte, con el territorio circundante, le fue concedida por el Sultán como botín de guerra, en reconocimiento del éxito de sus operaciones militares.
Estos dos almirantes eran muy distintos el uno del otro: Dragut nace bajo la estrella del mito del Barbarroja, vive y ama la vida de corsario, intentando compaginarla con las actividades militares en obediencia del Sultán. Como consecuencia de su independencia de movimientos el Sultán decidió alejarlo de Costantinopla, asegurándole el control del área de Trípoli.
Pialí, en cambio, siempre respetó las jerarquías políticas y su fidelidad fue premiada recibiendo como esposa la hija del sultán Selim II, enlace que le permitió vivir en la corte de “la Sublime Puerta” los últimos años de su vida.

Figura 2
Los dos quedaron en el imaginario turco como personajes emblemáticos de la flota patria, verdaderas glorias nacionales, a los que la Marina Turca ha dedicado más de un buque de guerra. [fig. 2]
En junio del 1558 Pialí Bajá y Turgut Reis zarparon juntos para uno de los más feroces cruceros del Mediterráneo. [fig. 3]
Empezaron desde la punta de la bota italiana, atacando Reggio Calabria, de allí pasaron a las islas Eolias, y se lanzaron al Tirreno donde sus botines mejores fueron la antigua republica marinera de Amalfi y los centros de la península Sorrentina: Marina del Cantone, Massalubrense y la ciudadela amurallada de Sorrento.

Figura 3
Sorrento, en el golfo de Nápoles, justo en frente de la capital del virreinato, fue victima de la presunción de su oligarquía, que rechazó la defensa ofrecida por el virrey español, y de los terribles juegos de fuerzas entre las familias nobles: quizás no sea sólo un cuento la historia relatada por muchas fuentes, según la cual fue un esclavo turco de un noble sorrentino quien ofreció a Pialí las llaves de la ciudad.
En sólo tres horas los turcos quemaron iglesias y palacios y se llevaron muchísimos cautivos, especialmente niños, mujeres, ancianos y religiosos sacados de los conventos. Después del saqueo, la flota otomana esperó cerca de la isla de Ischia el rescate por parte del gobierno virreinal de los presos sorrentinos: nadie se movió, como venganza por la ayuda rechazada. Los otomanos siguieron su aventura con el botín humanitario probablemente aún en sus barcos.
El siguiente objetivo fue la fortaleza española de Piombino, en el Granducado de la Toscana; de allí se dirigieron a la Ciutadella de Menorca, y después de quince días de asedio la saquearon el 9 de julio de 1558.
Una vez traspasaban las puertas de las ciudades los turcos saqueaban, quemaban y se llevaban todo, y todos, lo que podían. Cuando atacaron la Ciutadella hicieron algo más de 3.400 presos, que, juntos con los cautivos sorrentinos, fueron llevados a los grandes mercados de esclavos de las plazas de Argel o Costantinopla.
La cantidad de cautivos, la magnitud de la flota, se habla de una tripulación de casi 11.000 turcos fuera de la Ciutadella, en Sorrento una fuente dice que 120 barcos otomanos precintaron toda la costa acantilada de la península, son más típicos de una operación militar que de un saqueo corsario.
Efectivamente hay que pensar que detrás de la expedición había un acuerdo con Enrique II de Francia: los mismos relatos del sitio de la Ciutadella hablan de la presencia de un embajador francés en uno de los barcos turcos y una fuente del saqueo de Sorrento (Lamento di Massa e di Surrento) no tiene duda sobre el origen francés de este ataque militar.
«Y la razón porqué os la voy a contar
por la discordia entre el rey de Francia,
y el rey de España, yo ahora me duelo.
Porqué Enrique no es tan potente
para hacer la guerra a España,
renovando los éxitos de su padre,
no pudiendo confiar en la campaña
y tampoco por mar lograría ganarle
por esto se acompaña con el Turco.
Hizo el Gran Turco por la nueva estación
en el año de quinientos cincuenta y ocho
y mil desde la sagrada Encarnación
una armada lista para esta misión
y rumbo a Italia se marchó
para hacer la gloria del rey de Francia».
«E la cagion, perchè dir ve la voglio
Per la discordia ch'è fra il Re di Franza,
E il Re di Spagna, fa ch'ora mi doglio.
Perchè Henrico non ha tanta posanza
Di guerregiare con il Re di Spagna
A rinovata del padre la usanza
Non vedendosi sorte alla campagna
E ne per mar può star al parangone
A fatto che col Turco se acompagna.
Fece il Gran Turco alla nuova stagione
Del anno cinquanta otto e cinquecento
Col mille della Santa Incarnatione
Un'armata fornita a compimento
E alla volta de Italia si ne vada
Per far del Re di Franza el suo talento».
En base de tales acuerdos, parece que el objetivo de Pialí y Dragut era juntarse con las tropas francesas en Ajaccio para completar la conquista de Córcega y atacar Niza; el dúo turco cambió de itinerario, saltó la etapa corsa y se dirigió hacia Menorca para atacarla sin piedad alguna.
Parece ser que fueron los mismos genoveses, aliados de los españoles, quienes sobornaron a los turcos para que efectuasen este cambio de ruta, para alejar las operaciones militares de Córcega, la colonia genovesa más importante.
¿Donde estaban las flotas españolas cuando Pialí y Dragut pusieron el sitio y depredaron muchas fortalezas de la periferia del imperio?
El verano del 1558 terminó con la muerte del emperador Carlos, acaecida justo el día 21 de septiembre. Tocó a su hijo Felipe sacar adelante la remonta española, juntando todas las fuerzas católicas en una Liga Santa: venecianos, genoveses, caballeros de Malta, españoles y savoyardos. Su principal iniciativa fue la ocupación de la isla de Djerba el 11 de mayo de 1560, enclave estratégico del Mediterráneo para los movimientos militares otomanos.

Figura 4
Le contestó prontamente nuestro invencible dúo de almirantes, enviados por el Sultán Suleiman el Magnífico con 84 galeras. En pocas horas las fuerzas de la Liga fueron derrotadas, sus jefes, entre ellos Giovanni Andrea Doria y Álvaro de Sande, escaparon o cayeron cautivos.
Entre los millares presos que Pialí trajo en su triunfo en Costantinopla había también el genovés Scipione Cigala, cantado en la canción de Fabrizio de Andrè que cito a continuación. Scipione, como el calabrés Giovanni Dionigi Galeni, pasó al bando enemigo para salvar la vida y con el nombre de Sinán Capaduán Pasciá fue uno de los más famosos jefes de la flota otomana. [fig. 4]
Para más de un marinero de la costa mediterránea la captura y la abjura de la religión podía transformarse en un medio para un inesperado ascenso social. El pobre pescador Galeni (Uluç Alí Reis) se ganó durante el cautiverio la amistad de Turgut Reis y después de su muerte le sucedió en el control de Trípoli; fue recordado también en el Quijote como Uchalí «atrevido y venturoso cosario [...] fue tanto su valor, que, sin subir por los torpes medios y caminos que los más privados del Gran Turco suben, vino a ser rey de Argel, y después a ser general de la mar, que es el tercero cargo que hay en aquel señorío».
Por sus méritos en la batalla de Djerba Pialí Bajá ascendió al título de vizir y fue tan rico y famoso que se hizo construir una mezquita-mausoleo que aún es una de las principales atracciones de Estambul. [fig. 5]

Figura 5
Cuando, 10 años más tarde, la reconstituida Liga Santa vino a buscar su venganza en las aguas de Lepanto, Turgut Reis había muerto y Pialí Bajá gozaba de una cómoda vida cortesana. La flota otomana se quedó corta sin sus grandes almirantes... y la historia acabó como todos sabemos.
«E questa a l'è a ma stöia
e t'ä veuggiu cuntâ
'n po' primma ch'à a vegiàià
a me peste 'ntu murtä
e questa a l'è a memöia
a memöia du Cigä
ma 'nsci libbri de stöia
Sinán Capudán Pasciá.
E digghe a chi me ciamma rénegôu
che a tûtte ë ricchesse a l'argentu e l'öu
Sinán gh'a lasciòu de luxî au sü
giastemmandu Mumä au postu du Segnü
intu mezu du mä
gh'è 'n pesciu tundu
che quandu u vedde ë brûtte
u va 'nsciù fundu
intu mezu du mä
gh'è 'n pesciu palla
che quandu u vedde ë belle
u vegne a galla»
«y esta es mi historia / y te la quiero contar / antes que la vejez / me triture en su mortero / y esta es la memoria / la memoria de Cigala / pero para los libros de historia / Sinán Capudán Pasciá. / Y dile a quien me dice renegado / que a todas las riquezas, a la plata y al oro / Sinán le permitió lucir al sol / blasfemando contra Mahoma y no contra el Señor.
En el medio del mar / hay un pez redondo / que cuando ve a las feas / toca el fondo / en el medio del mar / hay un pez globo / que cuando ve a las guapas /sube a gala»
de Sinàn Capudàn Pascià, Fabrizio de André,
*Pies de imágenes:
El corsario otomán Turgut Reis (Dragut)
El buque militar turco “Pyalé Paşa”
El itinerario de la flota de Pialí Bajá y Turgut Reis en el verano de 1558 (autor: Talaiòtic)
Retrato grabado de Scipione Cigala
La mosquea de Pyalè Paşa, Istambul
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