
El cebo de Estados Unidos
El que critica tiene las manos limpias pero no tiene manos.
Hegel
Muéstrame la piedra que los albañiles han rechazado,
es la piedra angular.
Evangelio apócrifo de Tomás
Por Raúl Muniente Sariñena
Abordamos en nuestra sección a otro filósofo estadounidense, que podríamos calificar de antagónico en relación al que le dimos cuatro pinceladas hace unos meses, Leo Strauss. Según algunos ociosos estudios, Chomsky es el noveno filósofo más citado del mundo hoy en día. Estados Unidos es algo así como el Imperio romano actualizado. Su tecnología es abrasadora, pero sin embargo sus pensadores dan escalofríos debido a su decidido pragmatismo. Todos ellos suelen firmar documentos amparando las decisiones políticas de sus líderes y su complejo industrial-militar.
Noam Chomsky, sin embargo, se ha hecho un nombre, sobre todo en Europa, por sus constantes negativas a firmar los documentos de los intelectuales orgánicos estadounidenses. Sus ensayos se concentran en desmenuzar las artimañas que emplea el imperio estadounidense para hacerse con el control del mundo. Y todo ello, a sueldo de los mismos EE.UU.
Aparte de sus ensayos políticos que desnudan las tácticas maquiavélicas de la CIA para hacerse con el control del mundo, algún enterado suele comentar que, de manera absolutamente paralela, Chomsky es un reputado científico del lenguaje.
Aquí vamos a demostrar que sus presupuestos filosóficos como lingüista guardan una estrecha relación con su obra de análisis político.
Seguramente muchos de nuestros lectores recordaran una asignatura en la escuela que se llamaba Lenguaje. Su plan de estudios se basa en el análisis sintáctico. Creo que todos se habrán aburrido de esos análisis formales que prescindían de lo que decía la frase. Contaré una anécdota muy gráfica: en una ocasión, la profesora de lenguaje me sacó a la pizarra a hacer un análisis sintáctico de esos, dejando a mi libre albedrío escoger la frase. Escribí "Lo único que deseo en esta vida es acostarme con mi profesora de lenguaje". Se puso roja pero tuvo que achantar como analizaba esa frase. Pues bien, el creador de esa asignatura llamada lenguaje y de esos esterilizantes análisis sintácticos que desplazan de la enseñanza a la literatura y la filosofía no es otro sino Noam Chomsky.
Veamos que tiene de particular todo esto. Para Chomsky, el lenguaje es una ciencia. Digas lo que digas, siempre hay sujeto y predicado. No importa lo que diga la frase que escribes en la pizarra sino su estructura. Todo esto contradice de pleno por ejemplo los postulados platónicos del Crátilo, donde se vincula estrechamente los nombres y las cosas nombradas, llegando a afirmar Sócrates, en un famoso pasaje, que todas las palabras provienen de las onomatopeyas, pasando olímpicamente de la estructura del lenguaje. Hoy en día, apenas algunos místicos rusos como Aleksei Losev y George Steiner cargan duramente contra Chomsky y sus aburridos análisis sintácticos. El pretendido enfoque científico del lenguaje está bien apuntalado. Pero como se comentaba en el Evangelio apócrifo de Santo Tomás, quizás los albañiles de la lengua estén desechando la piedra angular.
Espero que algún avispado lector haya encontrado ya alguna pista de por donde pueden ir los tiros en el asunto de la relación entre el Chomsky lingüista y el Chomsky superventas de ensayos políticos.
Se trata del formalismo de Chomsky. Formalismo que se puede detectar en cualquier pensador que no esté familiarizado con Hegel y Marx. El propio Chomsky, que se define como anarquista, no parece estar muy familiarizado con estos autores. De hecho si alguien quiere seguir haciendo sangre con Chomsky no tiene sino que recopilar las palizas argumentativas que le metía Karl Marx a Bakunin e identificará claramente a este último con nuestro autor.
El Chomsky lingüista que nos vende la moto del análisis sintáctico no critica lo que dice la gente sino cómo lo dice. De la misma manera, el Chomsky político que nos vende la moto de la crítica a los Estados Unidos no crítica los presupuestos filosóficos del imperio estadounidense sino cómo los implanta. Creemos que Chomsky, al no mojarse cuanto la cosa empieza a ponerse picante, es cuando descarta involuntariamente la piedra angular.
Así pues, pensamos que Chomsky, pese a las apariencias, apuntala al imperio estadounidense. No aseguramos que vaya a sueldo de la CIA, pero por lo menos podemos aseverar que es un hombre con corazón en un mundo sin corazón. Y ya sabemos que los hombres con corazón no matan. Y lo que no mata, hace más fuerte. Eso sí, nuestro autor, se queda con las manos limpias y de paso reduce a muchos de sus ávidos jóvenes lectores inquietos que quizás podrían haber llegado a ensuciárselas.
subir