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Por Anna María Iglesia Pagnotta

Si les digo que la idea de fondo de Volver, la última –casi penúltima– película de Almodóvar, es la muerte y, más precisamente, la ficción de la muerte, pueden estar seguros de que no es una idea de último momento. La película en cuestión ha sido siempre interpretada bajo los mismo patrones que las anteriores obras del director manchego: recrea el mundo femenino, la relación materno-filial y la casi siempre presente figura masculina negativa. Análisis de este tipo, más allá de superficiales, son injustos para el propio director, que ve reducida su obra a un simple cuadro costumbrista. Ninguna de sus película es solamente una recreación del mundo femenino, si así fuera ¿cómo se explican películas como Hable con ella o La mala educación?

En el caso de Volver, el tema de la muerte está plasmado desde la primera escena: mujeres limpiando las tumbas de sus familiares fallecidos, entre los cuales está supuestamente Irene, personaje interpretado por Carmen Maura. A partir de aquí toda la película desarrolla la historia de una falsa muerte, de una muerte fingida. Irene decide esconderse durante años tras ser declarado su óbito después de un incendio, provocado por ella misma, en el cual falleció su marido junto a otra mujer. Al darse por seguro que la mujer fallecida en el incendio era Irene, ésta se esconde en la casa de su anciana hermana sin que lo sepan sus vecinos ni tampoco sus propias hijas. Por su parte, la  vieja hermana es consciente de que Irene vive con ella, pero no de que los demás la crean muerta, así que, pese a decir abiertamente que su hermana menor le hace compañía, no es creída y sus afirmaciones son interpretadas como una consecuencia lógica de la edad. Este es el contexto inicial que se modificará cuando Irene, tras la muerte del personaje interpretado por Chus Lampreave, decide volver a aparecer ante sus hijas, aunque permanece en el fúnebre anonimato para sus vecinos. Lo interesante de este personaje reside precisamente en su mentira, en su ocultación completa al inicio y en su revelarse paso a paso durante el desarrollo de la película. Tras el personaje de Maura existe una reflexión sobre lo que representa la muerte para los vivos y como puede ser plasmada en imágenes.

Según la fe religiosa, en particular la fe cristiana, los muertos son aquellos a los que los vivos se dirigen para confiarles sus penas, para pedirles auxilio; el fallecido se convierte en un alma protectora que vela a aquellos que todavía viven. Irene juega este papel, permanece al lado de su hermana para ayudarla en sus años de vejez, vuelve a aparecer en la vida de sus hijas para resolver aquello que dejó pendiente tras su “muerte”, vuelve para aclarar con su hija Raimunda (Penélope Cruz) aquello de lo que nunca habló y termina al lado de su amiga Agustina (Blanca Portillo) para auxiliarle en sus días de agonía. Irene se convierte así en un alma protectora, en un alma que, sin embargo, necesita morir para llevar a cabo su propósito: tiene que fingir su muerte para poder ayudar, no lo podría hacer desde su estado de viva, necesita de la ficción. Almodóvar, como diría Henry James, da una vuelta de tuerca a la fe católica, la hace ficción: en Volver la ficción representa la protección, es en una mentira en la que los otros personajes encuentran consuelo. El director manchego no recurre a la figura de la Virgen María, no recurre a una figura santa, sino a una mujer normal y corriente que utiliza el engaño, pues la ficción no es otra cosa que un engaño, una falsa realidad. Puede parecer que Irene se acerque más a un personaje pirandeliano, que a una figura religiosa; ¿no recuerda el personaje de Maura al protagonista de Il fu Mattia Pascal? Éste es dado por muerto tanto por su mujer como por todos sus vecinos, incluso la prensa publica la noticia de su muerte. Mattia es así obligado a vivir una mentira, una ficción que le han orquestado los demás a sus expensas. A diferencia de Irene, es víctima de una muerte impuesta, aunque posteriormente saque beneficio de su clandestina condición. Más allá de esta posible relación, sería demasiado osado afirmar que Almodóvar conoce la obra de Pirandello, dato que no sólo desconozco, sino que es del todo irrelevante, aunque para muchos curiosos de minucias seria ésta una información biográfica de primera orden. Lo realmente notable y novedoso de Volver  es la reinterpretación de la fe religiosa como ficción y de la muerte ya no desde un punto de vista cristiano, sino desde una perspectiva cinematográfica, porque ¿qué es la ficción sino la base del séptimo arte? Así como el cine necesita de la ficción para realizarse, Irene necesita de la misma para cumplir sus propósitos.

Incluso los documentales son obras de ficción, puesto que pasan por la mirada de un director cuya subjetividad permanece siempre presente desde el momento en que las imágenes filmadas son fruto de su elección. Caso parecido al de Irene, que se construye otra vida al margen de la auténtica, que inventa su propia muerte: ella es tanto autora de la ficción como objeto de ésta, es autora y directora de una mentira, de una película.

El tema de la ficción no es nuevo para Almodóvar, que ya lo había desarrollado en Hable con ella: recuérdese la escena en que Benigno (Javier Cámara) acude al cine a ver Amante menguante, un corto en blanco y negro creado por el propio Almodóvar, inspirado en la película de 1957 El increíble hombre menguante , dirigida por Jack Arnold. Más allá de la idea del cine dentro del cine, tratada hasta la saciedad desde Buster Keaton en El cameraman de 1928 hasta el capítulo Noche en el cine de la tercera temporada de CSI Las Vegas –¡fíjese desde dónde se partió y adonde se llegó!–, lo realizado por Almodóvar resulta interesante desde el momento en que Benigno necesita ver ese corto para poder amar a Alicia (Leonor Watling). Este personaje necesita ver que un hombre menguante puede acostarse con su amada, puede quererla y tocarla para así poder él hacer lo mismo con Alicia, en coma en el hospital donde Benigno trabaja como enfermero. Almodóvar recurre así a la utilidad de la ficción para poder realizar el propio propósito: Benigno necesita ir al cine, ver una “mentira” cinematográfica, mientras Irene da un paso adelante, pues es ella quien  construye su propia farsa. Ambos necesitan de la ficción, pero Irene es consciente de su necesidad y por eso crea la farsa, Benigno, en cambio, es víctima de su necesidad, la ficción actúa en él de manera inconsciente. Irene es el director de cine, Benigno es el espectador; asimismo, Mattia Pascal puede considerarse el personaje de la película que Irene realiza y Benigno mira, pues es obligado a vivir delante de todos una ficción que otros han inventado.

Siendo osada, y no sé si debería, se podría decir que Irene es Almodóvar, es el director de cine que hace películas por necesidad, por su propia voluntad, por su propio deseo.  Irene es de alguna manera heredera de Enrique Goded (Fele Martínez), el director de cine de La mala educación, que continúa haciendo cine con la misma pasión así como Irene continúa construyendo y viviendo la propia ficción.

Volver habla del cine, de la pasión de Enrique Goded por el séptimo arte, que le salva de un trágico destino hacia el cual son abocados los otros personajes de la película. La ficción permite a Irene ayudar a los demás, salvar a aquellos que la necesitan; la ficción salva a Enrique de un pasado de abusos que no olvida; en definitiva, se trata del cine como vía de escape, como solución, como pasión que se debe perpetuar. Como diría Antonioni, hacer cine es vivir.

    

 

Junio 2008 ©

 

 

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