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Razones de una discrepancia

 

Por Teresa di Gioia

 

 

*Anche in italiano

A un mes de la proverbial y constante cita con el día de la mujer, he participado en un estudio del movimiento realizado por las alumnas del centro internacional de estudios del actor La Cometa , en Roma. Ocho estudios sobre ocho mujeres que forman parte de la memoria histórica: una bruja, una emigrante, una partisana, una madre que abandona... ocho mujeres. La donna , que se mueve en el espacio, que secciona sus propios movimientos seguida por una miríada de cuerpos que la empujan al muro del cual consigue escapar y subir hacia lo alto, único espiral de luz, hacia la afirmación de sus propios derechos. Llegados a este punto me sentí con el deber, como mujer, de dedicar este texto a favor de intervenciones densas y concretas en torno a la actualidad sociopolítica, al fare artistico, en clave femenina. Los motivos de esta elección tienen parten de tres raíces, una basada en aquel punto añadido de concreción, de ataduras vitales con la realidad, de sensibilidad hacia el otro que la mujer lleva consigo en cualquier latitud, en su aproximación a la vida y al teatro, sea bien como artista, bien como persona activa. Una idea de teatro fuertemente instalada en nuestro tiempo presente: un teatro necesario. La segunda raíz gira alrededor de si es posible un teatro de mujeres diferente, en el plano artístico y en sus modalidades productivas y organizativas, del que la sociedad masculina nos ha dado e impuesto; la última raíz se centra en mi convicción del lazo indisoluble entre desarrollo cultural de la comunidad de referencia y la afirmación de derechos e igualdad de oportunidades de las mujeres en la misma. Sin duda, los años de compromiso político y social les han permitido a las mujeres empezar y consolidar un camino de afirmación del rol de su propia personalidad artística, pero superar la barrera del recinto en que a lo largo de estos años se ha encerrado en sí mismo el teatro de mujeres, bajo el cómodo manto de teatro feminista, no ha sido indoloro ni fácil.  

 

Pero ¿de qué posibilidades hablamos si, valga la redundancia, hablamos de dramaturgia de las mujeres? Se ha pensado que podía sólo hablar de problemas femeninos, que se podía interpretar con autonomía creativa a partir de un teatro minimalista ligado a problemáticas sentimentales y privadas. Se podría decir que el crecimiento femenino en las tablas es proporcional a los cambios productivos en los que la mujer participa, sosteniendo formas que inciden más en el conjunto que en el individualismo con tendencias de divo, que versan más hacia la renovación y la contrarutina.

A lo largo del siglo XX, Chile ha dado al mundo pocas dramaturgas, aunque incisivas. En la primera mitad del siglo, aquellas mujeres que escribían para el teatro fueron verdaderas pioneras. Determinadas, resistentes, soñadoras y concretas, invadieron las tablas del espacio escénico con coraje y sabia arquitectura del hecho artístico. Hablo del Teatro experimental   y el Teatro Ensayo. Es en ese momento cuando la mujer entra de lleno, sin incorporarlo personal y completamente, en el rol de director, mientras también asume el de actriz, escenógrafa, escritora. Hablo de Isadora Aguirre, incansable dramaturga que empezó su trayectoria en los años cincuenta y sigue todavía en activo, de Inés Margarita Stranger y la compañía femenina La magdalena en los años 90, y de toda la generación actual de mujeres dramaturgas que, armadas de un desinhibido descaro unido a una gran ironía y sensibilidad, han irrumpido en el ambiente auroral y escénico elaborando nuevos modelos y expedientes expresivos.

Isadora Aguirre conjuga en su persona un total dominio de la palabra, la música, la imagen y el movimiento. Estudió danza, música y pintura mientras cultivaba el arte de la novela y la dramaturgia. Este don en saber emplear gran variedad de lenguajes imprime mayor fuerza a su creación dramática, que pone el acento en un ritmo lúdico mezclado con una fantasía sugestiva y sintética. Dotada de riqueza en los niveles de la estructura dramática logra, como en una sinfonía, orquestar planos de simultaneidad espacio-temporal. De este modo enriquece el plano estético y el temático e introduce una visión cósmica que se sumerge en el pasado para confrontarse con el presente, dando importancia a una específica identidad latinoamericana y chilena. En su vocación inicial tuvo que elegir entre el servicio social y la escritura. Su naturaleza la llevó a un camino: fundir sus sueños con el teatro. Es así como toda la gente en las periferias del mundo, la gente torturada y confinada recibió el regalo de una doble vida: una en silencio, la otra a voz en grito, en sus escritos, portadores de sus Gritos sofocados . La mayor parte de sus sobras tienden a investigar la realidad, enriquecida con temáticas, desarrollos dramáticos, caracteres, personajes y ambientes. El contexto se ejerce mediante un rescate histórico donde la importancia flota entre episodios, leyendas, efemérides de la historia chilena y americana. En el prólogo a Lautaro escribe: Un creador se siente lleno de alegría cuando descubre la riqueza del propio patrimonio (...). Me acerqué a ellos cuando un amigo mapuche me pidió que escribiera una obra teatral sobre su pueblo para apoyarlo en la lucha y añade: “ deseábamos que el público, al verla, pudiera recuperar aquello que le competía: sus raíces”. Imaginario y lenguaje popular dan fuerza al mito, hacen concreta con la fantasía onírica, residuo de temblores, amenazas y anhelos reprimidos de una cultura que sintetiza la castidad, la religiosidad hispánica y la energía subterránea de los indígenas. Durante los años 60 escribe obras situadas en el pasado (La pérgola de las flores , la pieza con mayor éxito de la historia del teatro chileno) o en el presente (Población esperanza, 1959; Los papeleros, 1963), centradas en los miserables de la sociedad capitalista. Al final de la década da un salto dramatúrgico al crear una estructura que sintetiza y potencia las técnicas precedentes. Los que van quedando en el camino , tiene tres planos espacio-temporales, el presente de la Mise en scène , el pasado evocado por la visión de un elemento del presente (una manifestación de campesinos) y el futuro, fruto de entrelazarse el pasado y presente desde la voz del coro: Hoy igual que ayer, ayer igual que hoy, ¿hoy igual a mañana…?

obra de Stranger

Inés Margarita Stranger, una mujer siempre en transformación, y su compañía La Magdalena han logrado esencializar en iconos el ritual de la subjetividad. “No creo que baste con ser mujer para poseer una escritura femenina. Pienso que exista una voluntad estética que recupera las palabras de un universo femenino normalmente silencioso y legitima, como espacio dramático, los espacios íntimos del dolor, del conflicto y las pulsiones de vida y muerte”.

Su problemática tiene que ver con las condiciones femeninas en la sociedad y las esperanzas cruciales, puntos fijos en la vida privada de las mujeres, puntos siempre colocados en la encrucijada de lo subjetivo y lo histórico-cultural. En Cariño malo, la búsqueda se orientó más hacia una fallida relación de pareja, que provoca más dolor que beneficio. La obra contiene tres elementos de base que caracterizan la escritura de la Stranger: el ritual y la poesía. Tres personajes femeninos que encaran la pasión, el romanticismo y el intelecto. El ritual de la seducción da lugar al de la lucha entre las fuerzas hombre-mujer, al ritual de la caída y la perdición, al del crimen pasional, la expiación de la culpa en el dolor, la sepultura del modelo tradicional de matrimonio y finalmente la regresión y renacer de la virginidad. Simbología, sensorialidad, cuerpo, espacio y tiempo. Elementos puestos en acción con el lenguaje poético de Stranger: “El espacio privado de lo femenino es un espacio de contemplación y es posible acceder a él sólo con la poesía”. Una gran economía expresiva cerrada con mil llaves, en diálogos-monólogos interiores, con personajes alienados interiormente, observando, desde el exterior, sus propias emociones.

–E: No te conozco –digo.

–A: No te conozco –digo yo.

Tengo miedo de la noche. De los terrores. De la ansiedad que esperas de aferrarte a la noche...

Desde Chile, una generación de mujeres se ha lanzado a la escritura con desparpajo y coraje; me asomo a mi universo femenino, a lo que me envuelve, a una serie de colegas actrices y dramaturgas que dan sus primeros pasos en la dramaturgia. Con ellas trabajo y me   confronto todos los días, y son ellas quienes me dan la fuerza para seguir creyendo en el gran medio que es el teatro. El arte es uno de las más grandes necesidades del hombre contemporáneo.   Todo lo que digo sería posible si se abrieran los sitios, los lugares del espectáculo. Para poter fare es necesario formar una red nacional e internacional, cooperar, confrontarse, enfrentarse y amar. Si queremos que el teatro exista es necesario ayudarlo. A. Chejov

La experimentación y la contaminación de géneros y culturas es fundamental. Como mujer y actriz me hago portavoz de este pensamiento de abertura y voluntad de crear, realizar, hacer, trabajar. Cada mañana es necesario despertarse y trabajar, trabajar, trabajar. (Tres hermanas de A. Chejov).

Mi maestro ruso Jurij Aslshitz, autor del Women project, un conjunto internacional de teatro íntegramente femenino, trabajo junto a las actrices de todo el mundo para organizar un evento que realice el sueño de Nina en La gaviota de Chejov. Su idea es la de erigir una estatua para el símbolo de la vocación, para una mujer que es el símbolo de la lucha por los sueños, el sacrificio, la fe por el teatro. Una estatua para admirar que recoja el sueño de todas las actrices y ejecute el de un personaje. ¿Cuándo sea una gran actriz vendrás a verme? La encuentro una idea maravillosa y extravagante, pero lo sucedido en la Schaubuhne de Berlín supera lo imaginable. Se hablaba de una próxima sesión en Brasil y de la posibilidad de ir a Bolivia. Un actor griego dijo: “¿Cómo haremos teatro en Bolivia con todas las dificultades con el agua, la seguridad, la luz?” La respuesta de una mujer de 65 años –cabellos blancos hacía atrás, ojos azules, cuerpo delgado y elegante, con un mórbido inglés latinizado– fue una ducha incontestable: Hace años, antes de dar la réplica se fue la luz. El público decidió esperar. La platea estaba hasta los topes. Después de una larga espera logramos encontrar velas y nos dirigimos hacia la puerta. Algunos estaban sentados en las escaleras, otros   en el foyer y esperaban con religioso silencio. Esperaban que ocurriera algo. Estábamos aterrorizados. A un cierto punto enfoqué la luz hacia el pavimento oscuro y desencajado de aquel teatro de provincia y vi Tacones rojos, de aguja. Una mujer había llegado donde se pararon los otros. Esperaba el inicio. Me quedé perpleja: ¿Cómo la había logrado?

Traducido por Jordi Corominas i Julián

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