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Espacio inventado

Faroni, cubierta del libro de Luis Landero


Círculo Cultural Faroni*

 

Algunos hiperbreves ganadores y finalistas de
convocatorias anteriores del concurso del CC Faroni:

 

EL PROFESIONAL DEL SUICIDIO

El joven Ernesto, empuñando una pistola, se presentó en casa del hombre que le había arruinado: "No voy a matarle, don Braulio", dijo, "sino a suicidarme ante usted. Caiga mi sangre sobre su conciencia y lo que es peor, sobre su magnífica alfombra persa". Don Braulio le disuadió: buenos consejos y una sugerencia: "Si desea quitarse la vida, ¿por qué no lo hace en casa del odioso Cortés?". Y le convenció con un cheque generoso. "Aunque no le conozca, la prensa buscará razones y arruinaremos su carrera".
Pero el odioso Cortés le contrató para suicidarse en casa del pérfido Suárez, éste le pagó para hacerlo en la de su enemigo Ramírez, y así sucesivamente. Ernesto se retiró veinte suicidios después. "La bondad de los hombres me ha salvado", solía decir.

Miguel Garrido Pérez

 

GEMELOS

Nunca le perdoné a mi hermano gemelo que me abandonara durante siete minutos en la barriga de mamá, y me dejara allí, solo, aterrorizado en la oscuridad, flotando como un astronauta en aquel líquido viscoso, y oyendo al otro lado cómo a él se lo comían a besos. Fueron los siete minutos más largos de mi vida, y los que a la postre determinarían que mi hermano fuera el primogénito y el favorito de mamá. Desde entonces salía antes que Pablo de todos los sitios: de la habitación, de casa, del colegio, de misa, del cine... aunque ello me costara el final de la película. Un día me distraje y mi hermano salió antes que yo a la calle, y mientras me miraba con aquella sonrisa adorable, un coche se lo llevó por delante. Recuerdo que mi madre, al oír el golpe, salió de la casa y pasó ante mí corriendo gritando mi nombre, con los brazos extendidos hacia el cadáver de mi hermano. Yo nunca la saqué del error.

Rafael Novoa

 

 

METAMORFOSIS

Al despertar Gregor Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, encontróse en su cama convertido en un monstruoso insecto. Al apreciar que tenía alas no se lo pensó dos veces y sin más dilación se fue al trabajo volando por la ventana, saltándose los semáforos y la Ronda Litoral. Sus superiores quedaron tan gratamente sorprendidos por su puntualidad que fue declarado Trabajador del Mes en un acto solemne -con la asistencia de toda su familia y de las principales personalidades de la vida económica y cultural de la ciudad- en el cual el Presidente en persona le colocó el pin de la empresa en medio del tórax, lo  cual le causó -después de una pequeñas convulsiones sin importancia- la muerte de forma incontestables y le preparó a la perfección para ser exhibido en una caja con tapa de vidrio que puede ser visitada, como todos los coleccionistas conocen, de nueve a cinco de la tarde, de lunes a viernes y los primero sábados de cada mes, en el vestíbulo principal de la empresa. Precios reducidos para grupos.

Albert García Elena.

 

BELLÍSIMA

Mamá, muerta, estaba verdaderamente hermosa. En tiempos mejores le había prometido el más grande funeral. Ahora, la falta de efectivo no iba a cambiar esa promesa.

Limpié la sangre del cuchillo y salí rápidamente para asaltar la Droguería de la esquina.

Por Edmundo Kulino

 

VIGNEMALE

Bajo el cielo del glaciar hay un a figura antigua aquietada entre dos pasos. Toneladas de frío lograron aplacar su afán viajero y su hambre de cordilleras y hasta su rostro quedó convencido y pleno con la sonrisa del estoico. La cristalización alcanzó hasta lo más hondo, y es aquí donde se da la paradoja: que ene le centro de su mente un pensamiento breve quedó paralizado (“lejos... más lejos...”) y su terca persistencia hoy empuja al glaciar ladera abajo.

Por Diego Chozas

 

SE VENDE

Al salir esta tarde del cine, me he quedado de una pieza al oír a una vendedora de cigarrillos que ponía en venta mis lágrimas. No daba crédito a sus gritos que, sin embargo, no parecían impresionar a los demás transeúntes. Levanto el cuello de mi abrigo y camino hasta casa tratando de no darle importancia. Pero en la carnicería de la esquina ha llamado mi atención una brillante asadura que lucía  colgada de un gancho de acero y ostentaba en un mugriento cartelito su procedencia: era mi nombre. Subo las escaleras de dos en dos y, ya en casa, entreabro temerosa mi abrigo: descubro un hueco donde debía estar mi vientre. Como ya me parece demasiado corro a buscar confirmación en el vecino de enfrente. Después de aporrear su puerta me abre y, con un ejemplar del ABC en la mano me dice encantado que vaya suerte la mía, resulta que mi esquela es la más grande y ostentosa del diario.

Natalia Pérez

 

CRUZAR EL MAR ROJO

“Esta sale del corazón, esta sale del corazón”, gritaba desesperado el lanzador de gruesas piedras.

Julio Soler

 

RUPTURA

Se casaron.

El quería ir a México a hacer la ruta del mezcal; ella, desde muy niña había deseado pasar la luna de miel en Disneylandia.

Por Jesús Alonso

 

UN ACUERDO

“Gus es mi socio por mil razones, y ahora tengo que matarlo por una sola”.

Farney entró en su apartamento y no encendió la luz. La claridad de la ventana era suficiente para hacer una llamada. Marcó y recordó las palabras de Sam:

“Ese chico no aprende, Farney. Nos ha dicho que fuiste tú quien denunció la mercancía. Tómate tu tiempo, pero demuéstranos que podemos confiar en ti”.

El zumbido del aparato era la respuesta que menos quería oír. Si Gus no estaba en su agujero, no veía la forma de localizarlo: “Contesta, Gus, maldita sea. Quiero darte una oportunidad”.

Se sirvió un trago y volvió a marcar. Del rincón más oscuro vino un ruido; Farney intentó encender la luz, pero un chasquido seco y un fogonazo lo dejaron clavado en la tumbona. Tenía el pecho partido por una bala.

Agonizando, la voz de Gus le retumbó en la cabeza:

-Esta tarde he limpiado a Sam, y a cambio de la deuda me ha propuesto salvarme la vida. Entonces me contó que seguramente pensabas liquidarme. Ya sé que nuestro acuerdo sobre traición se resolvía con la muerte, pero nos falto añadir que, muerte por muerte, es preferible la del otro.

Joaquín Lara Rodríguez

 

PALABRAS

He salido a la calle y, asomado tras una esquina, la palabra “deseo” me ha hecho señas para que la siguiera. La he obedecido. A medida que avanzábamos entre el gentío, la he visto penetrar y apoderarse sucesivamente del cuerpo de varias mujeres. Ella entraba en cada uno de esos cuerpos y, al hacerlo, la piel  de esas criaturas adquiría repentinamente una cualidad especial, entre luminosa y carnal. Durante el paseo, he deseado a toda clase de mujeres, algunas de las cuales eran notablemente feas y viejas. Luego, me he detenido en un escaparate y de repente he sentido que un cuerpo extraño me penetraba y que mi piel adquiría un tono especial, entre carnal y luminoso. Me he vuelto y he visto a una hermosa mujer mirándome con concupiscencia. Ella he echado a andar hacia mí, y yo la he aguardado jubiloso. Entonces, un joven hermoso y atlético se ha interpuesto entre nosotros y yo me he desinflado a la vez que he visto refulgir la piel del muchacho. La mujer se ha detenido junto a él, le ha susurrado algo en el oído y  los dos juntos han partido envueltos en un aura de lujuria. Después, he buscado en torno, pero todas las palabras que he visto eran banales y ruidosas.

Juan Ignacio Iglesias

 

EL ALTA

“Carmen , ¿me quieres?”. Piernas abiertas, corvas blancas, ligas negras, Carmen limpiaba el portal con el  cuplé en los labios a compás de aljofifa. Chirrió el cubo por el ladrillo y empujo a la calle a los niños que jugaban a la tángana. Él, flaco, espíritu de ciprés abrazado al alta, llegaba del sanatorio. De puntillas, por no hollar tamaña pulcritud, le hizo la pregunta: “¿me quieres?”. La vecindad le dio la mano de bienvenida y corrió a lavársela: “Trae buen color pero no está curado. Lleva el mal dentro”. Él fue a la iglesia, subió las escalera de la torre como un rito, y desde la espadaña de echó al vacío. Los niños sintieron rebotar un muñeco en el suelo y el grito violento les trajo llanto. Roto el cuerpo -el alma lo estaba-, volvió a reptar peldaños hasta alcanzar el campanario. Al acudir al suceso, nadie pudo hacer sino verlo chocar de nuevo contras las piedras. Esta vez, no se levantó. Momentos antes, en el portal, resbalando la mirada por el culo redondo, las corvas blancas, las ligas negras, se atrevió a la pregunta “Carmen, ¿me quieres?. Carmen, entre arrastre de cubo, pasadas de aljofifa y canturreo destemplado, había dicho: “No”.

Manuel Garrido

 

ATÚN

Atún. Me encanta el atún. Como bocadillos de atún a todas horas. A veces pienso que debo tener el récord mundial de bocadillos de atún comidos y me siento orgulloso por ello. En ocasiones también pongo mahonesa y aceitunas y tomate de ensalada y cebolla en vinagre e incluso lechuga y carlota.

Pero desde hace unos días algo ha cambiado. También como sobrasada y cocido de arroz y la culpa es de ella. Es tan guapa que me ha hecho olvidar el atún. Nunca pensé que fuera posible, pero ha ocurrido y tengo que asumirlo. Cuando escucho su voz es como el tierno crujido que inundaba mis oídos al mordisquear levemente el pan con atún.
Sí, lo reconozco, he conocido a alguien que me gusta mas que los bocadillos de atún.

Rafael Rodríguez

 

ABEL

Quiero gritar mi alegría. El sol nos calienta y rige el curso de las estaciones: el trigo crece bajo sus rayos; el universo es un orden sagrado que toca mi corazón cada mañana y mi corazón sereno lo agradece; Dios protege lo que crea, inventa la lluvia y las mareas, el perfume y la memoria, me dio palabras nuevas para bautizar la vida y el misterio; tengo un hermano que me quiere, no estoy solo.

He callado tanto tiempo... hoy me estalla la alegría en la garganta: amo esta luz, esta tierra que alberga la belleza. Veo a mi hermano bajando la colina, viene hacia aquí, seguramente querrá que cacemos, lleva una quijada en la mano.

Óscar García Romeral

 

LA SEQUÍA UNIVERSAL

Ocurrió que Yahvé quiso poner fin a la corrupción reinante en los orbes submarinos. Así, dispuso que todos los océanos se secaran durante un periodo de cuarenta días y cuarenta noches. Sin embargo, el Todopoderoso resolvió ser compasivo, de modo que avisó a Noé para que construyera una gran pecera, donde una selección de los peces más virtuosos pudiera salvarse de la catástrofe.

Alberto Salas Calvo

 

INSTANTÁNEA DE AMOR

A Andrea Bocconi y Robert Medley

Anoche en el bar, a tan sólo tres taburetes de mí, hallé al chico con el que cada domingo leeré el periódico en la cama. De repente entró una  mala pécora, y con un beso él olvidó lo que en realidad deseaba, un hombre como yo.

Por Manuel López Muñoz

 

AMOR A LA LITERATURA

Desde pequeño siempre había tenido esa obsesión por los libros, una obsesión a la que sus padres contribuyeron de un modo decisivo, mostrándolo los beneficios que la literatura le podía proporcionar. Devoraba cualquier volumen que cayera en sus dominios, sin importar tema o autor: geografía, historia, ciencias, poesía... todo lo asimilaba de una manera compulsiva, y entraba, sin remisión, a formar parte de su ser. Buscaba por las estanterías de la amplia biblioteca los ejemplares más voluminosos, con los cuales se entretenía por un periodo de tiempo relativamente largo, y cuando los terminaba, volvía, ansioso, a por otro.

Desgraciadamente, la adquisición de un nuevo spray antipolillas acabó cierto día con su ilustrada vida, cuando aún no había acabado de engullir completamente, una interesante descripción del motor de combustión en la Enciclopedia Británica.

Luis Hervás Rodrigo

 

NOCHE DE VERANO

La mujer estaba en la cocina cundo llegó el hombre. Preparaba una cena liviana. “No se soportar el calor, no corre una gota de aire”. Cenaron en la cocina. A pesar del calor, el hombre comió mucho. Las piezas estaban calientes, faltaba el aire. Ella lavó los platos. Él se tomó un vaso de vino frío y se arrastró hasta la reposera del patio, cruzó las piernas, aflojó el cuello y miró el cielo clavando la vista en un punto. La mujer apagó la luz y salió al patio. Se sentó en otro reposera y se abrió los botones del vestido. “Tengo calor (lo dijo pasándose una mano por el pecho húmedo de transpiración), no aguanto más”.

El resplandor de la luna llena iluminaba los cuerpos.

Se escuchó una frenada cerca y unos ladridos que parecían lejanos. El hombre se empezaba a dormir. “¿Querés ir a la cama?” le preguntó mientras su mano le recorría la pierna desde la rodilla hasta el  sexo. “Sí, dijo él,  mejor me acuesto”. La mujer permaneció recostada en la reposera que estaba cerca de la habitación en donde el hombre ya casi dormía. Escucho el ruido que empezaban a hacer las aletas flojas del ventilador de la pieza y se cerró el vestido mientras trataba de acomodar su cuerpo en la reposera.

Ángela Pradelli

 

DESPERTAR

Despertó cansado, como todos los días. 

Se sentía como si un tren le hubiese pasado por encima.

Abrió un ojo y no vio nada.

Abrió el otro y vio las vías.


Norberto Costa

 

SIEMPRE HAY UNA DISCULPA PARA SALIR A BEBER

Me compré una barra de bar porque quería dejar de salir a beber por ahí. Nada más montarla, me puse a un lado de la barra y pedí una cerveza. Fui al otro lado y pregunté: "¿Con alcohol o sin alcohol?" Me cambié otra vez de sitio y contesté: "Con alcohol, imbécil!" "Imbécil será usted!", me respondí. "A mí nadie me trata así", contesté, "me voy a otro bar". Al salir di un portazo. Allí quedó el otro con su mierda de negocio.                   

Jesús Alonso

 

SE SUPO VIEJO

Se supo viejo, definitivamente acabado,

empezó a morirse el día que vio arrugadas las mujeres tatuadas en sus brazos.

Vicente Ferrer

 

AH

Los deseos que dejan de cumplirse porque los mendigos han sacado las monedas de las fuentes.

Vicente Ferrer

 

CONFORMIDAD

La golondrina observó, desde su nido, a la rana brincando de piedra en piedra en la charca y pensó: ¡que suerte! todo el día fresquita en el agua, sin necesidad de batir alas y remontar el vuelo.

La rana paró de croar y, como leyendo el pensamiento del ave se volvió a mirar a la golondrina y pensó: ¡que afortunada!. Desde el cielo tiene el mundo a sus pies y nadie las molesta.

En ese momento, apareció un rapaz entre los arbustos que crecían junto a la charca y, con sigilo, se aproximo al batracio, empuñando un tirachinas con aviesas intenciones. La golondrina, alarmada, advirtió a la rana que, inmediatamente se zambulló en el agua. Airado, el niño volvió su arma contra el pájaro que, previsoramente había levantado ya el vuelo alejándose del  peligro. Los dos animales cayeron en la cuenta de que no tenían nada que envidiar el uno al otro.

Jesús González Fernández

 

RETORNO

He decidido recuperar mi tiempo. Empezaré por los recuerdos. Soy un conocido futbolista, me deslizo con rapidez por la hierba, avanzo con el balón entre las piernas, regateo a (dos, tres defensas!, disparo con la zurda y el balón se cuela por la escuadra de la vieja máquina de coser de mi madre. Mi hermana entra y dice que basta ya de golpes con la pelota de tenis, que me esperan todos en la mesa. Fin del partido. Bajo el interruptor, se apagan los focos y cae la oscuridad sobre la moqueta verde de mi cuarto. Tengo treinta años, un buen empleo y una casa, pero un dolor me oprime el cuerpo y, cuando llegue la noche, mi madre no vendrá a la orilla de esta cama para rezar las antiguas oraciones.

Pablo Echart Orú

 

LA MERIENDA

Es la hora de la merienda. Sus zapatos son de charol rojo. Sus calcetines, caídos, tienen espigas clavadas y su rodilla derecha una mancha de mercromina. La niña lleva levantado el vestido. Lo sostiene con sus manitas haciendo con él una cesta. A pasitos cortos, camina desde su casa hacia la caseta del jardín. Abre, con el pie, la puerta. De la oscuridad del cuarto, llega primero su nauseabundo olor. Después el sonido de su inmenso cuerpo deslizándose torpemente. Se acerca. Su enorme lengua lame la rodilla herida de la niña y se detiene frente al triángulo blanco de entre sus piernas. La niña sonríe. Sus deditos se abren y el contenido del vestido cae en la boca de la bestia, que con un brusco latigazo de su poderoso cuello lo engulle sin masticar. Arrastrándose, regresa a su oscuro rincón.

–Es la cabeza de papá. Mañana, te traeré más.

La niña cierra, por dentro, la puerta. Se limpia las manos en el vestidito y perezosamente se acurruca juntos al hinchado vientre de su amigo. Afueran cantan las cigarras. Es la hora de la merienda.

Javier Cardo Pérez.

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