
Con un sencillo repaso a la carrera literaria de Lorenzo Silva (Madrid, 1966) es fácil darse cuenta de lo mucho que le gustan a nuestro autor los misterios y la novela negra. De hecho, entre sus libros son cuatro los que están protagonizados por los guardias civiles Bevilacqua y Chamorro. Investigadores, de la más pura tradición detectivesca, con los que Silva entrelaza junto con el esclarecimiento de un crimen la más rabiosa actualidad, como en La reina sin espejo, la revolución en las comunicaciones que vivimos y con ello los nuevos caminos de investigación criminal que se están abriendo paso.
A Silva también venimos siguiendole nosotros la pista desde hace tiempo, acaso desde que fuera finalista del premio Nadal en 1997 con La flaqueza del bolchevique, una de las joyas de su bibliografía, premio que sí ganó en 2000 con El alquimista impaciente y que simbolizó su definitivo posicionamiento entre los primeros nombres de las letras hispánicas, con éxito de crítica y público. Asimismo, ambas obras han sido llevadas al cine.
Además de los libros con tintes misteriosos se destaca Lorenzo Silva como narrador de literatura infantil y juvenil, género con el que ha sido varias veces distinguido, por ejemplo con el Premio Destino Infantil-Apel·les Mestres 2002-2003 por Laura y el corazón de las cosas (ilustrado por Jordi Sábat).
En Calidoscopio.net, también como interrogadores detectives, seguimos persiguiendo el rastro de la creación y descubriendo cómo unas mismas preguntas sobre el proceso artístico pueden llevarnos a multitud de respuestas. A estas alturas intuimos que no hay fórmulas mágicas ni recetas, pero es divertido conocer cuál es esa “manera de hacer” de cada escritor. Aquí va como es el proceso de Lorenzo Silva:
¿Existe la inspiración? ¿Se busca o le encuentra a uno?
LS. En mi experiencia, existen momentos de mayor y de menor capacidad de ideación. Que dependen del estado de ánimo, lo descansado que esté uno, etcétera. A veces es posible procurarse esas circunstancias favorables (durmiendo, tratando de llevar una buena vida). Otras, los dioses deciden por uno.
¿Es necesario, como decía Picasso, que la inspiración le pille a uno trabajando?
LS. Bueno, eso ayuda. Si no se es constante en el trabajo, salen menos cosas de las que uno podría seguramente hacer.
¿Está ya todo inventado?
LS. Sí, pero no. Todo lo que podía decirse está dicho seguramente, pero no de todas las maneras en que puede decirse. Y el modo de decir algo puede ser lo fundamental.
¿Cree determinante el espacio físico y el tiempo a la hora de trabajar? ¿Tiene usted algún lugar y horario preferente para la labor creadora? ¿Alguna manía?
LS. Hay lugares y momentos más propicios, pero lo que resulta determinante es la necesidad de crear. Ella se sobrepone a todas las dificultades. Y sin ella, todas las comodidades son inútiles. Yo prefiero escribir por la mañana temprano, en mi mesa de trabajo. Pero si hay que hacerlo en otro lugar y momento, se hace. Manías, las justas. Ninguna.
¿Nos podría describir su lugar de trabajo?
LS. Habitación de unos 20 metros cuadrados, gran ventanal, mesa amplia.
¿Escribir es decidir?
LS. No, siempre cabe corregirlo todo. Publicar es decidir. A partir de ahí, lo que has hecho cobra vida propia.
¿Cómo definiría el acto de la escritura?
LS. Una mezcla extraña de exhibicionismo e introspección.
¿Cuál es su estado de ánimo óptimo para trabajar?
LS.Contento, tranquilo, seguro.
¿Cómo se superan las dudas?
LS. Embistiéndolas una y otra vez con tesón.
¿Lleva siempre encima una libreta para notas?
LS. No siempre. Soy de pocas notas, y de fiarlo todo a la memoria. Una mala costumbre, cuando ésta empieza a fallar.
¿Cómo es su proceso creativo? ¿Qué le surge antes: el tema, los personajes, el espacio, el tiempo…?
LS. Me surge antes una idea central de conflicto, y los personajes que la encarnan. El resto suele venir después. Aunque en casos particulares es un paisaje, o un acontecimiento, o un personaje, el que te aporta la semilla sobre la que se construye lo demás.
¿Cómo se libera uno de los personajes creados?
LS. No te liberas. Te abandonan y se van con otro. Pero te dejan a ti la culpa de haberlos hecho nacer.
¿Qué valoración da a la corrección?
LS. Bastante. Escribir es en buena medida reescribir.
Una vez terminado, ¿cómo se enfrenta a las críticas?
LS. Con deportividad, procuro. Aunque depende del día. Si te expones al escrutinio público, pueden desautorizarte, eso es algo que hay que recordar en todo caso. Pero siempre que se juzgue la obra. Juicios de intenciones o del autor me parecen improcedentes.
¿Cuál es ese libro que habría disfrutado escribiendo?
LS. No sé, alguno de romanos o de piratas. En otra vida a ver si hago uno.

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Julio 2007 ©