

Seguir la estela del escritor madrileño Antonio Gómez Rufo es subirse a una línea del tiempo en ascensor, cuyas plantas son sus libros. Porque a Gómez Rufo el presente se le muestra algo limitado para todo lo que tiene que contar. Así las situaciones, los personajes, sus problemas, siempre eternos, se dan enmarcados en el tiempo y en el espacio que los enriquezca exponencialmente, en una provechosa, literariamente hablando, interrelación político-social. El sistema es un actor más que siempre nos perturba. Y con todo su obra literaria, obra de personajes, nunca se encuentra exenta de lirismo, maestría fabulística y buen hacer del oficio de escritor.
Su último libro publicado Balada triste en Madrid, edición revisada de El desfile de la Victoria (1999), se sitúa en la posguerra española donde un anarquista vuelve a España decidido a matar a Franco, pero también, irremediablemente, se encontrará con su propio pasado.
El secreto del rey cautivo (2005) fue galardonado con el premio Fernando Lara. En él se recrean los años de la invasión napoleónica, de la Guerra de la Independencia y los años posteriores a ésta en la que los protagonistas se enfrentan defraudados a la restauración del régimen absolutista de Fernando VII. Un marco histórico en el que los personajes se moverán entre sus conflictos personales y sociales.
En Los mares del miedo (2002) nos lleva Gómez Rufo hasta el Siglo de Oro para descubrirnos donde se encuentra la eternidad. Ahí es nada.
En la novela corta El alma de los peces, una apuesta arriesgada, metafórica, densa, la sociedad europea de principios del siglo XX es ferozmente puesta en tela de juicio, donde su protagonista se propone salvar Europa, pero antes provocará su muerte a través de sus propios vicios y defectos.
Si tú supieras (1997) nos cuenta una historia de amor entre mujeres en la Barcelona de finales del siglo pasado. Una historia cargada con los «problemas» propios de una relación amorosa además de la presión de una sociedad que acecha y que está llena de prejuicios.
Las lágrimas de Henan (1996), es una obra de tono oriental, realista y situada en el medio rural chino. En ella un campesino desea con todas sus fuerzas tener un hijo varón a pesar de las leyes de natalidad restringida del gobierno chino.
No vamos a hacer aquí una sinopsis de todos los libros que tiene Antonio Gómez Rufo, son muchos, pero sí quería ejemplificar esa voluntad del autor en desarrollar los temas eternos y en estudiar la relación del individuo con la sociedad, esa relación casi siempre desequilibrada, contraria a los anhelos de libertad de las personas, donde la línea entre el yo y los demás está demasiado cerca. El dónde y el cuando enriquecen la acción, pero ésta nos desvela también lo que nos pasa en nuestros días.
Pero, cómo llena Antonio Gómez Rufo sus páginas, dónde, cuándo… Este otro espacio, tiempo y modo nos interesa también muchísimo. Y se lo hemos preguntado. Aquí están sus respuestas.
¿Existe la inspiración? ¿Se busca o le encuentra a uno?
Sí. Pero no basta: es preciso el talento y el conocimiento de la técnica narrativa. Ésta, se aprende; aquél, se tiene o no se tiene. Nadie es culpable por ello.
Realmente, ¿es necesario, como decía Picasso, que la inspiración le pille a uno trabajando?
Conviene, conviene... O con un bloc de notas para apuntar la idea. Pero yo recomiendo a mis alumnos disciplina y trabajo diario (¡diario!) aunque algún día no salga nada.
¿Cree determinante el espacio y el tiempo? ¿Tiene usted algún lugar y horario preferente para la labor creadora? ¿Alguna manía?
Para mí, sí. Antes, no era tan importante. Ahora me he hecho mayor y la costumbre se impone. Escribo de noche, hasta el alba. Con música siempre. Y, dependiendo de la novela, cambia el género musical. Y en mi mesa de trabajo de casa.
¿Cuál es su estado de ánimo óptimo para trabajar?
Eso no importa. Se escribe en un estado inexplicable en el que se enfunda la mente. Al escribir no hay humores, sólo magia.
¿Nos podría describir su lugar de trabajo?
Una habitación de doce metros cuadrados, con ventana a la calle (casi siempre abierta), mesa desordenada en apariencia, paredes con estanterías y un bote de cola light junto al cenicero.
¿Lleva siempre encima una libreta para notas?
Sí.
¿Cómo es su proceso creativo? Por ejemplo, ¿Qué puede determinar el espacio, el tiempo o el personaje principal?
Primero se presenta la idea que deseo transmitir a mis contemporáneos. Luego elijo a los personajes y, por fin, busco el lugar geográfico y el momento histórico más adecuados para enmarcar la obra.
¿Qué valoración da a la corrección?
Poca o ninguna. Sólo para erratas, alguna contradicción en datos técnicos y escasos leísmos y laísmos (de los que sólo saben los andaluces, no sé por qué diablos).
Una vez terminado, ¿cómo se enfrenta a las críticas?
Con una vanidad raquítica, porque conozco personalmente a casi todos los críticos y me he reído con ellos comentando muchas veces sus ocurrencias. Me preocupa más la crítica de los lectores en la calle o a través de correos electrónicos. ¡Porque casi siempre tienen razón!

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