Con Ignacio Sanz
Por Sonia Antón Ríos
Retomamos nuestras entrevistas sobre el proceso de creación con Ignacio Sanz (Lastras de Cuéllar, Segovia, 1953). Este segoviano es una persona polifacética de verdad: escritor, narrador oral, etnógrafo y ceramista. Nunca está quieto, y para decir esto tan solo nos remitimos a su biografía. En su haber encontramos trabajos de diferentes temas y géneros: sobre folclore castellano, biografías noveladas como Foto movida de un gato, sobre el escultor Emiliano Barral, narrativa y poesía infantil y juvenil (El año del petróleo, Historias cochinas, Madera de ángel, etc.), y relato, además de novela, con libros como, La casa del poeta o La música del bosque con la que fue finalista del XIII Premio de Narrativa Torrente Ballester. Asimismo, es un reconocido animador cultural, sobre todo en la ciudad en la que reside, Segovia. Es el coordinador del foro literario, “La tertulia de los martes”, que desde 1983 ha recibido en sus encuentros a más de 300 escritores, filósofos y cineastas. Uno de sus últimos trabajos es Una vaca, dos niños, trescientos ruiseñores, por el que ha resultado ganador del XXI Premio de Literatura Infantil Ala Delta, convocado por el Grupo Editorial Luis Vives. Como se imaginarán, es una persona apasionada por la literatura y la cultura, algo que, felizmente, contagia desde las primeras palabras que se intercambian con él.
Con todo, le hemos preguntado sobre cómo funciona su máquina de crear, allá vamos:
1 ¿Es necesario, como decía Picasso, que la inspiración le pille a uno trabajando? Por cierto, ¿existe la inspiración?
Hay que trabajar y pulir. La inspiración tiene mucho que ver con la constancia. Aunque también es verdad que hay días en los que parece que un ángel te sopla al oído.
2 ¿Cuándo se dio cuenta de que quería dedicarse a escribir?
Desde que me dejó mi primera novia. La escritura tiene mucho que ver con viajes utópicos a regiones imposibles.
3 ¿Cree determinante el espacio físico y el tiempo a la hora de ponerse a escribir? ¿Tiene usted algún lugar y horario preferente para ello? ¿Alguna manía?
Suelo trabajar a diario en el altillo de mi viejo taller de cerámica, en la Judería Vieja de Segovia, al lado de la catedral, cinco horas por la mañana y tres por la tarde.
4 ¿Nos podría describir su lugar de trabajo?
Es pequeño, unos 10 metros cuadrados, con una ventana que se orienta al mediodía y un panorama irregular de tejados en frente. En invierno alcanzo a ver las cumbres de la sierra nevada.
5 ¿Cuál es su estado de ánimo óptimo para trabajar?
La ausencia de disgustos y que no haya ruidos perturbadores.
6 ¿Lleva siempre una libreta para notas?
No, una libreta no, es demasiado aparatosa, pero siempre llevo un bolígrafo y algún papel en blanco en el que apunto una palabra o una frase que puede resultar decisiva para apuntalar una escena o alumbrar un episodio de la historia que escribo en ese momento.
7 ¿Cómo es su proceso creativo? Cuando se enfrenta a la página en blanco se deja llevar por lo que venga o sigue un plan estudiado previamente.
Trazo un plan, pero lo suficientemente vago como par ir introduciendo innovaciones de las que yo mismo soy el primer sorprendido. En definitiva, prefiero la brújula al mapa.
8 ¿Qué le surge antes: el tema, la trama, los personajes, el espacio, el tiempo…?
A veces parto de una idea vaga que luego da lugar al tema y a los personajes. En ocasiones se me aparece el personaje, histórico o de ficción, y en ese caso lo que hay que desarrollar de manera más minuciosa es la trama.
9 ¿Qué opina sobre la experimentación en las formas narrativas? ¿pasaron de moda?
La experimentación me parece una variante del juego y me gusta jugar; la literatura tiene mucho que ver con el juego. Pero el fin principal de la literatura es contar historias, al menos de la literatura narrativa. Por ello creo que nunca se debe perder de vista este fin. Jugar por jugar, es decir, experimentar por experimentar acaba por ser un ejercicio baldío.
10 ¿Cómo se libera uno de los personajes creados?
Creando otros. Cuando uno escribe está poseído en tensión; por eso cuando aparecen periodos sin inspiración o simplemente sin materia que llevarse a los dedos, uno se siente un poco huérfano.
11 ¿Qué valoración da a la corrección?
Supongo que te refieres a la corrección sintáctica y gramatical. Nunca me siento seguro porque mi formación gramatical cojea, pero procuro que no se escapen gazapos, al tiempo que, de cuando en cuando, me gusta introducir juegos que bordean la incorrección. Pienso, por ejemplo, en un personaje que parece en El pinsapo de la plaza una novela juvenil que arma su discurso salpicándolo con palabras compuestas.
12 Una vez terminado, ¿cómo se enfrenta a las críticas?
Tengo la sensación de habitar en una provincia remota dentro de un reino marginal. Solo de tarde en tarde se han ocupado de mis libros en la capital de ese reino. Me preocupan más las reacciones de los lectores.
13 ¿Cuáles son aquellos libros que han marcado su estilo literario?
Habría muchos, pero por su significación hablaría de Baroja, Monterroso, Antonio Pereira. Durante un tiempo me marcó mucho, acaso demasiado el estilo abigarrado de Álvaro Cunqueiro. Creo que estoy tratando de normalizarme.
14 ¿Y qué libros de otros autores le habría gustado escribir?
Además de los autores que he nombrado arriba, me gusta mucho el Romancero Tradicional, Italo Calvino, Rulfo, Las mil y una noches, Calle Feria de Tomás Sánchez Santiago, La lluvia amarilla de Llamazares o La Ruina del cielo de Mateo Díez, por ejemplo. También Vila-Matas o Nuria Amat me interesan mucho.
15 Parece que vivimos un tiempo dominado por determinados géneros literarios, histórico, detectivesco… pero, a pesar de ello, ¿cuáles cree que son las características definitorias y los principales influjos de la literatura actual, o bien, a qué corriente cree que cabría adscribir la parte principal de la literatura de hoy día?
Echando una ojeada a los escaparates parece que triunfa eso que llaman género negro en todas sus variantes. He frecuentado muy poco este género como lector. Aunque toda literatura ha de tener misterio, pues sin misterio no hay literatura. Me gusta la literatura que refleja la vida, la que me ayuda a encontrarme sin caer en la pura evasión, pero lo que triunfa, según parece, son los fabricantes de evasiones. Gordas. Reflejo de la sociedad banal en que vivimos.
15 Respecto al panorama literario actual, ¿cree usted que estamos influidos por alguna corriente literaria importante o vivimos una época huérfana de movimientos destacados?
Me interesan algunos nombres, pero no los veo inscritos en un movimiento. Aunque sí observo el empeño de algunos críticos por acuñar movimientos y tendencias. Ahora, por ejemplo, se habla de la “Generación Nocilla”. La historia es vieja e interesada. Pero la historia también sitúa a cada uno en su lugar arrasando con todas esas capillitas que con frecuencia enmascaran la autopromoción y dejan de lado a los mejores.
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Febrero-marzo 2010 ©