
Por Juan Soto Ivars
Parece que leer a Knut Hamsun obligase a tomar partido. A defender su aberrante vida o a condenarla. Knut Hamsun ganó el Premio Nobel en 1920 y en la II Guerra Mundial apoyó al nazi que invadía su país. Fue castigado duramente y relegado, si no al silencio, sí a una posición muy incómoda dentro de las letras europeas. Me remito a un extenso artículo donde trato este tema, que puede leerse íntegro aquí.
Parece ser que en las postrimerías del sesquicentenario de su nacimiento comienza a ser Knut Hamsun un tema actual. Son muchos los factores que favorecen en España la curiosidad por el noruego:
Uno, que Kirsti Baggethun, a lo largo de distintas editoriales y desde mediados de los años noventa, ha traducido una por una sus principales obras, labor que todavía no ha terminado. Por primera vez desde la traducción directa, han colocado ante el lector la mejor esencia de Knut Hamsun.
Otra, que el tiempo pasa sobre las cenizas de los lúgubres campos de concentración. Cada vez parece interesar más a Europa lo que en un tiempo muy largo estuvo aislado en el miedo a que se repitiera una historia cada vez más lejana. Así, películas como El Hundimiento o el rescate de obras de autores como Cèline o Mircea Eliade, que también se fascinaron ante el nazismo, amplían nuestro abanico de miras y fomentan el deseo de saber qué pasaba realmente en esas cabezas que cometieron o simpatizaron con el gran crimen del siglo XX.

En un momento en que la moral suena a reivindicación de sectores conservadores, entendiendo como tales a la izquierda y la derecha tradicionales, los frutos de la inmoralidad ganan lectores. Conviene, entonces, conocerlos a fondo y no quedar en la superficie de mares atractivos que ocultan sus verdaderas formas.
Por primera vez los españoles tenemos a nuestra disposición una biografía que nos permite conocer por encima de lo evidente quién fue el autor de Hambre. No es la única, podía leerse amplio y tendido sobre su vida en inglés y otras lenguas, pero sí la primera que nos abre la puerta en castellano. La biografía es obra de Ingar Sletten Kolloen, pero no podemos negar a la fortuna su parte en esta historia. El investigador y periodista noruego encontró en 2002 el archivo privado de Hamsun. Documentos que el escritor dijo haber destruido y que comprendían manuscritos de novelas, diarios, cartas, bocetos y un sinfín de material totalmente inédito y esclarecedor a lo largo de 5.000 páginas.
Entra entonces el juego del biógrafo, y Sletten Kollen, sin dejar de ser muy duro con Hamsun, canaliza una enorme cantidad de información sobre su vida. Aislándola del posicionamiento crítico del biógrafo, el lector puede sacar conclusiones. Y mi conclusión, después de leer toda la obra literaria de Hamsun accesible para nosotros –las maravillosas traducciones de Baggethun, las despreciables traducciones anteriores arrancadas de anaqueles de libreros de viejo– es bastante parecida a la del biógrafo.
Del libro que pone en las mesas de novedades la editorial Nórdica, capitaneada por Diego Moreno, que confiesa que su novela favorita es Hambre, se extrae una vida tenebrosa, cuyos rayos de dolorosa oscuridad brotan de la masa hamsuniana para romper costillas y músculos no sólo en el país que lo castigó, sino en todo rasgo humano con que alguien espere salvarlo en un juicio.
Hamsun fue, ante todo, un hombre atrevido que avanzaba por la vida en mitad del miedo a la frustración. De origen humilde, provinciano y campesino y sin una educación esmerada en la primera parte de su vida, Hamsun conoció las penurias de una niñez miserable –cercana a la orfandad dickensiana, pese a que sus padres vivían– a la que vio pronto una salida: convertirse en un burgués, y para ello, hacer de su trabajo la escritura. Con ello trataría de canalizar, sin llegar nunca a conseguirlo, la abigarrada sensibilidad que fue su mayor virtud y la causa de su perdición.
El libro se agarra con fuerza a una narración muy efectiva y hábil que demuestra las dotes para la escritura de Sletten Kolloen, dotes que los noruegos ya conocen de sobra. Viajamos de la mano del niño al adolescente cuya única ambición es escapar de una vida anodina de trabajos duros y constante desprecio. Vamos con él a América, donde el sueño americano se rompe. Asistimos, como quien observa un huevo que se abre, a las primeras expresiones literarias, reflejadas en relatos hoy día incunables que no tuvieron el menor éxito comercial. Llegamos, en mitad de artículos, cuentos y conferencias que poco a poco iban enfrentándole a la élite literaria del país, a la publicación de Hambre, su ópera prima y, para muchos lectores de hoy, obra cumbre.
Y durante todo el tiempo de esta primera parte, quedan patentes –con datos, siempre con datos a lo largo de esta elaboradísima biografía tan bien documentada– las continuas angustias del protagonista.
Son tres las preocupaciones que jamás llegarían a abandonar a Hamsun: el deterioro de la vieja sociedad rural noruega –que enlaza con el odio a Gran Bretaña, clave para comprender su ulterior adhesión ideológica al nacionalsocialismo alemán–, la posición inicial de joven palurdo inculto frente a la burguesía ilustrada –patente en su odio visceral, por encima de las desavenencias de estilo, a Henrik Ibsen– y la incapacidad para enlazar la vida literaria y la vida familiar, que sirve como explicación a su catastrófica intimidad y a los excesos dictatoriales con su segunda mujer y todo aquel que lo quiso.
Con esta tambaleante estructura interna, el personaje Hamsun se nos muestra como alguien indeseable que posee, sin embargo, un poderosísimo imán de seducción hacia hombres y mujeres, jóvenes y viejos. Un ser mezquino, egoísta y solitario enfermizo que, sin embargo, tiene las muestras de generosidad más desenfrenadas, bondadosas e innecesarias que podamos imaginar. Una persona incapaz de hacer otra cosa que daño, pero que vive rodeado hasta el final por sus seres queridos.

El biógrafo lo adelanta ya en las primeras páginas: Hamsun fue una paradoja andante, y como tal se propone el autor acercarse al mito. Pues bien: como tal ha de entenderlo el lector. Al esfuerzo enorme de pasar por alto el final con esvásticas de su pensamiento para acercarnos a su obra, esta biografía nos complica más la tarea: ahora también tenemos que perdonar que Hamsun, como Juan Ramón Jiménez, como tantos otros que nos quedan más cerca, fuera alguien a quien seguramente hubiéramos evitado conocer.
Pero, ¡qué buen documento esta biografía! Pese a los numerosos deslices en la traducción y las erratas de las que me gustaría prevenir a los más puritanos, encuentro un documento de grandísimo valor no sólo por su originalidad en el panorama hispánico. Exige frialdad y calma acercarse al astro puntiagudo. Exige reflexión y amplitud de miras llegar a comprender por qué actuaba así aquel hombre. Pero al final, y el biógrafo ha sido aquí, a mi juicio, de una indulgencia suprema, exige tener siempre presente su obra. Y su obra crea la cronología, y con aguda sensibilidad la hilvana Sletten Kolloen a los hechos, las decisiones y las fracturas que dan como resultado una suma enorme cuyo resultado es Knut Hamsun. Y puesto que son letras y no cifras lo que tenemos al final, esta biografía necesita ojos muy poco cartesianos.
El exceso deja de ser divertido cuando atrapa a quienes queremos, y fue la traductora Kirsti Baggethun quien, en unas jornadas celebradas en diciembre sobre el escritor, reflexionaba en voz alta con la siguiente pregunta: “Sigo cuestionándome a mí misma por qué, cuando he dejado de leer a autores que han tomado una dirección que yo no compartía, no lo he hecho con Knut Hamsun.” La biografía que hemos recibido, más que una respuesta, ahonda en la pregunta. Porque es de preguntas de lo que viven las paradojas, y las paradojas se crean para demostrar que la duda es también un resultado.
Knut Hamsun, soñador y conquistador de Ingar Setten Kolloen. Ed. Nórdica, 2009.

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Enero 2010 ©